Antonio Becerro: “La burocracia no tiene nada de inocente, está pensada para detener los procesos de evolución”

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El artista visual y director del Centro Experimental Perrera Arte de Chile narra la odisea de sostener la cultura independiente en medio de la danza desenfrenada de funcionarios soberbios e ignorantes de izquierda y derecha.

Por Fernanda Martínez Leal

“La Perrera no es una construcción más para el arte, como suele hacerse en Chile. Es una arquitectura mutante cuyo color no ha sido politizado”, señala el artista visual y taxidermista Antonio Becerro mientras se prepara un té en la cocina del Centro Experimental Perrera Arte. En realidad no es una cocina, sino un amplio espacio con grandes refrigeradores y cielos curvos impregnados de cenizas que dan cuenta de la larga historia de este edificio industrial nonagenario que fue inaugurado en 1927 como el primer horno eléctrico crematorio de basura de Santiago y que luego, en diversas épocas, fue utilizado como el lugar de encierro y sacrificio de los perros callejeros de la ciudad.

“Pese a que era poco comercial y no muy políticamente correcto, en 1995, cuando nos entregaron esta ruina, decidimos mantener el nombre de Perrera para conservar de entrada una identidad dolorosa, certera y cruel de lo que han sido las torpes políticas públicas en nuestro país”, explica Becerro, quien dirige este centro autogestionado que, ahora en julio, inicia los festejos de sus 24 años de existencia, período en que artistas de diferentes disciplinas han ido restaurando el recinto de hormigón armado de tres pisos y 1.250 metros cuadrados ubicado en la ribera sur del río Mapocho.

“Las grietas en este caso no significan debilidades, sino que representan una vida vivida en toda su condición histórica, orgánica, es la craquelure (en francés) es el patrón fino de agrietamiento denso formado en la superficie del oleo. Las grietas de Perrera Arte son una forma de autenticar el arte. ”, apunta el artista plástico, conocido precisamente por sus trabajos con materiales orgánicos, como los perros atropellados que ha recogido en las grandes autopistas concesionadas -símbolo de la modernidad chilena- para transformarlos en piezas de arte a través de ancestrales técnicas de taxidermia, que aprendió en el Museo de Historia Natural junto al museólogo Ricardo Vergara. “Él fue mi maestro y el de todos los artistas chilenos que han seguido indagando en esta línea”, apunta Becerro, quien partió en la pintura y luego ha derivado a la escultura, principalmente en fibra de vidrio, con la que ha realizado monumentales montajes como “Encontraron cielo”, la concurrida muestra que en 2013 presentó en el Museo Nacional de Bellas Artes.

“Sí, esa exposición fue muy vista y comentada. Yo creo que el ícono perro es muy atractivo para la gente, grandes y chicos se siente atraídos por él. Además verlos en el aire, volando, o emergiendo de una gran carpeta de sal resultó alucinante para muchos. Por primera vez hubo filas de gente a la entrada y los funcionarios del museo estaban sorprendidos por eso, considerando además que en ese tiempo se pagaba la entrada. Nuestro taller de fibra de vidrio está en el tercer piso de la Perrera, pero también trabajamos con unos formidables maestros externos que nos apoyan en la producción de las distintas series de esculturas caninas”, explica Becerro.

-Son 24 años de trayectoria, mucho trabajo y persistencia para mantener viva la Perrera. ¿No te cansas?

-He estado a punto de huir, de dejar todo botado e irme algún sitio retirado en la naturaleza para partir de cero. Estoy muy agotado. La vida es peligrosa y su belleza radica en vivir como venga, siempre tratando de encontrar tu lugar y tu espacio, pero eso no va ocurrir sin luchar. Además es preferible pelear por tus ideas antes que alguien te obligue a que trabajes por las suyas. Escapar, mirar y caminar por la naturaleza es reconfortante, pero hasta aquí siempre vuelvo a tomar el timón.

-¿Qué es para ti la Perrera?

-Es mi obra maestra, es un territorio/obra. La infraestructura ha sido tratada como una restauración de una tela al oleo, es decir, con cuidado en base a la verdad preestablecida. Para mí es un dispositivo que articulado funciona como un zurcido social, el que a veces evidencia sus costuras. Su método de expansión se completa con el otro. Su plan de gestión es la integración; los costos profesionales y la inversión han sido absolutamente de nuestro bolsillo. La Perrera es un proyecto de arte que involucra complicidad, memoria, una posible identidad local; no nos aferramos a una terapia de consecuencia militar o militante. Es un proyecto desprejuiciado, pero tampoco es el raspe y gane. Este lugar, en condiciones de ruina, ha sido recuperado por artistas y administrado por uno de ellos.

-¿Cómo se plantea ustedes ante un gobierno de derecha?

-“No hay ninguna diferencia entre niño y alguacil”, dijo Violeta Parra. En este caso no hay diferencia entre la derecha y la centroizquierda, son solo matices en la escala de grises del capitalismo dependiente. Los une la burocracia, que es la hermana directa de la corrupción. La burocracia no tiene nada de inocente, está pensada para detener los procesos de evolución de los movimientos ciudadanos y operar finalmente como un mecanismo invisible de censura frente al ejercicio legítimo de crear, soñar, participar, diversificar, emprender individual y colectivamente. En tanto a la cultura y las artes, la administración de la derecha, por lo que he percibido, se debe a la merced de las cúpulas y, por sobre todo, a jerarcas que son conservadores e ignorantes, entonces sus funcionarios no arriesgan nada, no tienen autonomía de acción y decisión. Casi idénticos a los de centroizquierda, que son arrogantes, soberbios e incultos. Todos ellos son resbaladizos, amparados en la norma, así no se puede negociar con el humo. Hay por cierto excepciones de personas visionarias, pero son eso, excepciones.

-¿Cómo ves el escenario del arte en un panorama marcado por el neoliberalismo que se ha consolidado en Chile?

-El arte no se puede medir con las reglas actuales del mercado. El neoliberalismo funciona según la sobrexplotación: producir y consumir. Su proyecto se articula en un egoísmo radical que pretende la desaparición total del ser humano y su entorno. Esos pilares son una contradicción para el dispositivo emancipador del arte, que no es otra cosa que el factor humano como presencia consciente. Si el arte deja de lado su motivación central, que es el humanismo, pues entonces no es arte. La experiencia con el arte clásico puede ser un fenómeno liberador para una sociedad reprimida y focalizada en el consumo como ésta, mientras que la vanguardia es, en tanto, un ejercicio desconcertante entre lo cotidiano y lo superfluo, todo lo contrario del modelo que arruina con su sentido común que acentúa lo uniforme y la serie sobre el individuo. En este escenario es evidente el abandono del Estado, que debería velar por el respeto a la identidad, la memoria y el patrimonio para las generaciones futuras. Por su parte, la banalización de la cultura es como un doble castigo para los desfavorecidos, sobre todo para aquel que piense diferente. Lo perverso es que premia y levanta ídolos desde su propia lógica miserable.

-De la mano del neoliberalismo llego la internet y las redes sociales ¿Cómo ves este cambio mundial?, ¿Que tan útil han resultado estos medios para la gestión de Perrera Arte y su estilo?

– Al principio creí que era un fenómeno pasajero, que era una moda a la cual me resistí, pero su aparente libertad de comunicarse y tener acceso democrático de la información me cautivo. El internet vino para quedarse y cambio las costumbres y el cerebro humano, como un implante cybertpunk que extendió lo que le faltaba al individuo, a la vida social conectividad. En la Perrera no fue tan difícil adaptarse puesto que siempre hay chicos que se manejan con los nuevos medios y la internet, incluso algunos están muy adelante. A mí me costó mucho usarla, entender para que servía y cuál era su utilidad real en un espacio como este. Uff! las redes sociales  al principio pise el palito como todos y caí en el juego de mirar y ser visto, voyerismo y vanidad a ultranza, creía que era una cuestión  para hacer vida social sin filtro, error e ingenuidad que me trajo algunos inconvenientes gratuitos. No tengo whatsapp, estoy por usar bien instagram y twitter para ampliar nuestra difusión a los seguidores, pero el medio que más me resulta interesante es la trasmisión streaming por su proyección en internet y por sus posibilidades de trasmitir en vivo etnias virtuales, programas, espacios, comunidades lejanas, unir continentes y culturas de intereses diversos.

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