COVID-19: LA NECESIDAD DE PROTEGER A LAS INDUSTRIAS ESTRATÉGICAS

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Giorgio Cuneo, director de ventas para empresas, Motorola Solutions

Las comparaciones suelen ser odiosas, pero se justifican cuando son útiles para extraer evidencias positivas. En un contexto de pandemia, claramente encontrar esas evidencias se hace más complejo. Sin embargo, si las cifras se observan con cuidado, hay conceptos para rescatar y analizar.

Algunas de esas evidencias son las que nos ofrecen las estadísticas relativas a la contribución de las actividades económicas estratégicas en un contexto de crisis. La gran minería, probablemente, es la actividad que presenta los datos más reveladores al respecto y nos demuestra la necesidad de custodiar con especial énfasis —desde la infraestructura, tecnología y protocolos se seguridad y salubridad— algunos sectores clave, de modo de minimizar las posibilidades de colapso. 

Veamos las cifras: desde la llegada de la pandemia a nuestro continente, la economía chilena ha caído, sucesivamente, -3,5% en marzo, -14,2% en abril, -15,2% en mayo, -12,9 en junio y -10,7 en julio. Se trata de las caídas más severas desde que hay estadísticas comparables. Sin embargo, ese desplome no ha sido peor precisamente porque la industria minera —estratégica por definición en el caso chileno— logró mantenerse a flote. En el mismo periodo, la actividad minera anotó una expansión de 2% en marzo, 0,5% en abril, 1,6% en mayo, 2,5% en junio y 1,4% en julio, según datos del Banco Central (IMACEC minero).

¿Qué hubiera pasado si la minería no hubiera sido capaz de mantener sus operaciones? La respuesta se encuentra en economías con estructuras productivas comparables, donde el PIB se desplomó hasta 40% en los primeros tres meses de crisis, arrastrado principalmente por la semiparalización de la minería.

Salta a la vista, de este modo, que las comunicaciones críticas no solo son necesarias para las instituciones dedicadas a la seguridad y protección civil, sino también para las industrias que constituyen la columna vertebral de la economía chilena.

Ejemplos similares podríamos encontrar en la industria de la energía, logística, puertos y distribución de alimentos, que en el caso de Chile han sido capaces de mantener sus operaciones con relativa normalidad a partir de un concepto similar: asumir que hay sectores que no pueden escatimar esfuerzos —infraestructura, tecnología y protocolos, como ya vimos— con tal de mantener sus actividades a flote.

Una vez que la pandemia retroceda, será el momento de recapitular y extraer todas aquellas lecciones útiles, que nos permitan como continente estar mejor preparados una vez que los imponderables de la naturaleza o de las dinámicas políticas y sociales nos vuelvan a poner a prueba.