¿VOLVER O NO VOLVER A CLASES?: POR UNA EDUCACIÓN MÁS HUMANA

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Con la pandemia generada por el coronavirus ante nosotros, vemos una oportunidad para avanzar hacia escuelas más humanas, basadas en el contacto con uno mismo y con los demás. El retorno gradual de centenares de estudiantes a sus aulas de clases, debiera servir para trabajar en un diseño educacional que apunte a lo humano y lo emocional.

 La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado a niños y adolescentes entre las principales poblaciones de riesgo en salud mental debido al confinamiento que hemos sufrido a lo largo de este año 2020. Hoy, parte de ese grupo ya empieza a regresar a las aulas, a pesar que las medidas anunciadas para retomar la actividad han sido catalogadas como inadecuadas, ya que adolecen de falta de sensibilidad hacia la infancia.

Los expertos en educación emocional sabemos que en los niños predominan las emociones y la comunicación no verbal, por encima de un discurso racional. Debemos recordar que los seres humanos somos seres sociales y nos construimos en la interacción física y energética con el otro.

¿Cuál es el escenario que tenemos ante nosotros?: Estaremos frente a comunidades educativas frágiles, tanto a nivel físico como emocional, debido al confinamiento: niños ansiosos, con miedos, incertidumbre, sentimientos de culpa, carencias de juego, de socialización y deprimidos.

No cabe duda que el hogar se ha presentado como el único lugar seguro y a muchos infantes y adolescentes les costará volver a habituarse con su grupo de pares. Por ello, será imprescindible una reinvención histórica de los docentes en relación a criterios educativos, de cuidado y de salud, entendido como bienestar físico, mental, emocional y social, con diferentes intensidades y matices.

A modo de recomendación, basada en nuestra experiencia en materia de Educación Emocional, las escuelas deberán acoger a los estudiantes con calidez, en pequeños grupos, ofreciendo los espacios de intimidad que necesiten para elaborar e integrar sus vivencias traumáticas. Lo que debería ayudarles a recuperar confianza y seguridad en sí mismos, en los demás y en la vida.

Asimismo, se deberá trabajar con especial atención el autocuidado, la contención y el bienestar emocional del docente. Antes de cualquier actividad que implique el retorno de los niños a clases, los docentes  deberían entrar a lo menos dos semanas para trabajar su autocuidado, generando instancias de conversación, vinculación y reforzamiento de los afectos, trabajo en equipo, seguridad psicológica, esto para replantear la nueva mirada que se va a construir desde esta propuesta educativa que tiene cada escuela, con respecto al mejoramiento continuo.

Retomando las clases, durante la primera semana los profesores deberán poner especial énfasis en la contención y bienestar emocional de sí mismos. Recién en la segunda semana es recomendable empezar a articular actividades propias de la profesión: planificación, secuencia didáctica, generación de estrategias concretas para abordar con los estudiantes; bloques de reflexión, diagnóstico de aprendizajes, reencuentro con familias, entre otras.

Posterior a estas dos semanas, recién deberían ingresar los estudiantes y abordar con ellos las mismas temáticas trabajadas anteriormente por los docentes. Es esencial realizar una evaluación socioemocional de todos los niños, y para esto, los docentes deben apoyarse en los equipos PIE y de Convivencia Escolar.

Finalmente, se recomienda que sobre el 70% de las actividades, se realicen fuera de la sala de clases, en espacios abiertos. La naturaleza, en los patios o disponer la sala en espacios circulares, pues es un factor de resiliencia fundamental para la infancia del post confinamiento. Tampoco debería descartarse la posibilidad de realizar clases “duales”; es decir, que sólo una parte del curso participe de forma presencial, y la otra lo haga de manera virtual, y así trabajar en una nueva dinámica relacional.

Otra escuela es posible tras esta pandemia. Estamos en un período donde se hace urgente entender que la educación no debe enfocarse solamente en el “Hacer”, sino en el desarrollo del “Ser”. Eso es educar para la vida. Eso es Educación Emocional.

Por Arnaldo Canales

Director Ejecutivo Fundación Liderazgo Chile (Flich.org)