QUE LA GRATITUD SEA EL MEJOR REGALO PARA EL NUEVO AÑO

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Nos encontramos a sólo días de finalizar el 2020. Ya en medio de la Navidad y en vísperas del nuevo año, la celeridad con que la sociedad ha vivido este último tramo, aglomerándose en el comercio, olvidando incluso medidas preventivas como el distanciamiento social, en búsqueda del tan ansiado regalo, nos ha dejado sin aliento prácticamente para lo más importante: Reflexionar y agradecer por todo lo bueno y todo lo malo que nos tocó vivir en este ciclo.

Poco valor le hemos otorgado a la gratitud, siendo ésta una de las emociones facilitadores que más nos enriquecen, siendo un impulso positivo para nuestro cuerpo, corazón y mente.

A lo largo de estos crudos meses, en que el virus del Covid-19 no ha dejado de acompañarnos, hemos visto a miles de personas en crisis; por el miedo, la incertidumbre, por la tristeza de no ver a sus seres queridos o, en el peor de los casos, por la angustia de no haber podido despedirse de ellos.

Son en estos contextos en que el agradecimiento, por más que parezca contradictorio, es necesario. Y esto debido a que este “sentir” va ligado con nuestro autoconocimiento, proceso que podemos lograr a través de diversas vías: Escribiendo, reflexionando, ejercitándonos, entre otras variadas alternativas.

Trabajar esta área, la del conocerse a sí mismo, es un aliciente importante para nuestro bienestar integral. Lo anterior nos servirá de base para tener más conciencia respecto a las cosas que debemos agradecer en el día a día, como dar las gracias por estar vivo, por tener hijos sanos, o por el solo hecho de despertar cada mañana y respirar nuevos aires.

De este modo, nuestro cerebro y nuestro vínculo emocional sobre las propias vivencias hacen que el autodiálogo se construya desde una narrativa mucho más sana, sin duda, contribuyendo en gran medida a nuestro bienestar.

Ahora, trabajar la gratitud en los niños es mucho más beneficioso que hacerlos parte de la locura por conseguirles un obsequio material por estos días. Más aún en el contexto de un año en el que las carencias, en todo ámbito de cosas, fue una tónica recurrente.

Diversos estudios han demostrado que en los más pequeños la gratitud implica la toma de perspectiva y el conocimiento emocional, habilidades que comienzan a desarrollar más rápidamente entre los 3 y los 5 años; así como también entre los 7 u 8 años ya tienen más internalizado el concepto, pues a esa edad es más fácil pensar en los demás.

El agradecimiento es una de las mayores emociones para trabajar la salud mental y se ha comprobado que trae diversos beneficios a quienes la incorporan diariamente. 

En tiempos de culminación de un ciclo y el inicio de otro, propongamos la gratitud como el mejor regalo hacia los demás, pero -por sobre todo- regalémonos un espacio de agradecimiento personal por la enorme batalla que vivimos este 2020. Pero aún más, demos las gracias por un esperanzador año 2021. 

Que tengan todos una hermosa y grata fiesta de fin de año.

Arnaldo Canales

Director ejecutivo, Fundación Liderazgo Chile