CONFIRMAN QUE CEREZAS TAMBIÉN SON HOSPEDEROS DE LA MOSCA DE ALAS MANCHADAS EN LA SEXTA REGIÓN

0
34

El hallazgo se hizo a través de la red de monitoreo de la Universidad de O’Higgins.

Proyecto encabezado por dicha casa de estudios busca capacitar a los productores en el manejo de una plaga que llegó para quedarse. “Hay una lista de productos que se pueden utilizar, pero el agricultor debe entender que esto es mucho más que hacer una aplicación, es un manejo integrado”, dice la investigadora Paula Irles, quien lidera la iniciativa.

Una nueva víctima encontró la mosca de alas manchadas o Drosophila suzukii en la Región de O’Higgins. A las ciruelas y frambuesas, donde ya se hospeda, ahora se sumaron las cerezas, luego de que este jueves el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) confirmara que dos ejemplares de la especie cumplieron su ciclo de desarrollo completo en dicha fruta, desde el huevo hasta el individuo maduro. Con ello se oficializó a la cereza como una nueva hospedera del insecto en la región.

“Hace dos semanas se tomó una muestra en un huerto de cerezas en la comuna de Placilla, se llevó al laboratorio para crianza por diez días y emergió una pareja de individuos, es decir que la mosca cumplió su ciclo de desarrollo completo. Enviamos la muestra al SAG y finalmente ellos confirmaron que esta fruta también es hospedera”, explica Paula Irles, académica del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins. La investigadora lidera la iniciativa “Drosophila suzukii, mitigación económica y social”, ejecutada por la Universidad de O’Higgins desde abril de 2019.

La detección de las muestras en cerezas fue posible gracias al sistema de monitoreo implementado en la región a raíz de este proyecto, que es financiado por el Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) del Gobierno Regional de O’Higgins y su Consejo Regional, enmarcado en la Estrategia Regional de Innovación y que busca principalmente capacitar a los fruticultores de la Región en identificación y manejo de la mosca.

“Por este mismo proyecto en febrero de 2020 se detectaron estados inmaduros de suzukii en frambuesas y ciruelos y ahora ocurre lo mismo con las cerezas. Esto demuestra que, a través de nuestro sistema de monitoreo, de trampas y muestreo de frutas, podemos detectar y confirmar con el SAG los nuevos hospederos comerciales en la región; y claramente esta lista irá en aumento rápidamente”, señala Irles.

“Esta capacidad de detección se debe al trabajo conjunto entre la Universidad de O’Higgins, el CER, el CEAF y el SAG. Se trata de un trabajo mancomunado asociado a laboratorios de diagnóstico y crianza, que es la forma en que podemos efectuar el monitoreo y el muestreo de la fruta. El SAG apoya, participa y valida esas muestras”, agrega Irles.

Manejo preventivo

La mosca de alas manchadas se reproduce muy rápido, puede poner más de 300 huevos cada vez y tiene un ciclo de vida corto, por lo que se estima que en el año puede llegar a tener más de diez generaciones, lo que ha impulsado la rápida expansión de la plaga. 

Uno de los principales problemas que tiene el control de la Drosophila suzukii es que todavía no se conocen enemigos naturales que puedan combatirla, por lo que el foco está en las medidas preventivas. “La mosca de alas manchadas llegó para quedarse, la única solución es un adecuado manejo del huerto”, explica Irles.

Por esta razón, es que el proyecto busca mitigar el impacto económico y social que implica la llegada de la plaga a la región, para lo cual desde el año 2019 que se están realizando capacitaciones a productores en la identificación, trampeo y monitoreo de la mosca. Esto además de la entrega de un kit que contiene una lupa, una trampa y un atrayente comercial para que los agricultores puedan hacer un auto diagnóstico de la situación de su predio. 

“Además del monitoreo y el muestreo, entregamos información a los productores sobre las medidas culturales de manejo, más allá de las aplicaciones químicas”, explica Irles.

“Su control requiere un monitoreo permanente durante todo el año, porque esta mosca hiberna y está presente los doce meses. Al ser tan polífaga, además, cambia de frutas, de ahí que se deba hacer una vigilancia constante”, explica la investigadora.

El manejo preventivo contempla una serie de prácticas que periódicamente debe realizar el productor. “Se deben mejorar las condiciones de manejo intra-predial. Por ejemplo, hacer una poda que permita la entrada de la luz para que no haya árboles muy emboscados, condición que favorece el desarrollo de la mosca. También se debe cortar la maleza, que favorece la humedad. A la mosca no le gusta estar a pleno sol”, indica Irles.

Cuando llega el momento del cambio de color de la fruta, se debe hacer una inspección muy prolija, agrega la especialista. “Hay que revisar si hay huevos o daños y, luego de la cosecha, eliminar la fruta que quede en el árbol o caída al suelo, la cual puede enterrarse a más de 30 cms o bien retirarse del huerto. Es muy importante este punto, ya que la detección en cerezas se dio en fruta que no fue cosechada y que ha quedado en los árboles, sirviendo de fuente de infestación para otros frutales hospederos. También se debe vigilar los hospederos alternativos como la zarzamora”, recomienda Irles.

Según la especialista, el manejo es un proceso permanente e integral. “Hay una lista de productos que se pueden aplicar, pero el fruticultor debe entender que esto es mucho más que hacer una aplicación, es un manejo integrado”, señala.   

*Créditos fotos: Mario Muñoz- ICA3-UOH