LA ZANJA (O EL FASCISMO)

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Javier Agüero Águila

Académico Departamento de Filosofía

Universidad Católica del Maule

Hay diferentes orígenes etimológicos atribuibles a la palabra “zanja”, sin embargo, al parecer el que produce mayor consenso entre los filólogos es el que proviene del árabe zanca, que quiere decir algo así como callejón, trinchera, hendidura. No obstante, e independiente de esta discusión, la procedencia y el significado atribuible al término nos permiten algunas consideraciones, muy iniciales, a propósito de la fascista idea del candidato José Antonio Kast para controlar el flujo migratorio en el norte de Chile. Digo fascista en el sentido más ortodoxo de la palabra y sin ningún ánimo de caricaturar al voleo. Fascismo: “(…) es una ideología, un movimiento político y una forma de gobierno de carácter totalitario, antidemocrático y ultranacionalista de extrema derecha” (Larsen, 1984).

Crear una zanja en la zona altiplánica chilena no apunta simplemente a evitar que los/as migrantes puedan dar el paso, atravesar, cruzar; que duden antes de franquear el límite que, consideran, podrá librarlos/as de una historia con la que arrastran; una de miseria, precariedad, enfermedades, hambre, en fin. No, no se trata únicamente de impedir el paso. Al mismo tiempo lo que se busca con esta propuesta –que viola por lo demás el derecho humano a la migración–, es que de atreverse a hacerlo se arriesgan a caer, de emprender un vuelo ciego al fondo de un abismo del que ya no retornarán, a morir, a perder la vida al interior de una trinchera que fue puesta ahí por una mentalidad odiosa (en el sentido de odio), xenófoba y racista que entiende y ve en el/la migrante una amenaza para el ridículo imaginario de la “raza” blanca chilena, y que viene a arrebatarnos lo que por derecho es nuestro: la peligrosa y siempre potencialmente fascista idea de identidad.

Kast ha logrado algo que, al parecer, nunca se había dado en Chile al interior de un sistema democrático (Pinochet, sus tanques y sus secuaces civiles son historia aparte). Me refiero a posicionar a la ultra-derecha como una fuerza política en serio y que, de manejarse con cierta cautela –esto quiere decir disfrazar su fascismo y hacerlo jugar camufladamente en el juego democrático: “transformismo” (Tomás Moulián dixit)– tiene serias posibilidades de seguir subiendo en las encuestas y posicionarse, para una próxima elección, como un candidato con posibilidades reales de ser presidente de la República. Esto no es paranoia ni campaña del terror, por el contrario, es fácilmente constatable. Lo hemos visto con Trump en Estados Unidos, con Bolsonaro en Brasil, con Erdoğan en Turquía y con la tenebrosa irrupción que ya, desde hace varios años, ha desplegado el Frente Nacional en Francia con Marine Le Pen (como sabemos hija de Jean-Marie Le Pen, reconocido colaboracionista Nazi durante la segunda guerra mundial).

El punto es que la ultra-derecha gana terreno por todas partes del mundo y en todos los puntos cardinales. En Chile, parecía ser que Kast simplemente representaba a ese 5 o 6 % que es la llamada “familia militar” y el círculo civil proclive; a los testaferros de una dictadura. Pero hoy el asunto cambió, recoge votos de todo el sector el que, entendiendo que Piñera no es la derecha derecha, es decir la derecha dura, militarizada y conservadora, ven en Kast la cristalización y regreso de sus valores decimonónicos, hacendales y “puros”.

Esto es muy peligroso, ciertamente, puesto que en algún momento las sociedades se enfrentan a crisis tan severas –en donde la sociología misma de esas sociedades se ve dislocada y desequilibrada radicalmente, sumado a que el discurso de los partidos políticos tradicionales no alcanza para detener la entrada de esta suerte de monstruo ultra conservador en todos los aspectos– que se ven tentadas a escuchar al canto de sirenas del fascismo propiamente tal y terminan por sellar un destino donde los derechos humanos comienzan a ser obturados.

Hace un par de días murió una niña de 9 meses de origen peruana y padres venezolanos. La madre tropezó, se le cayó de los brazos, se golpeó y al llegar al hospital de Colchane ya no presentaba signos vitales. Además, había fallecido por deshidratación. Con esto ya son 15 los/as migrantes que han muerto este año desplazándose, sin vacilar un segundo, por el hostil y durísimo clima altiplánico.

Pienso, finalmente, que la zanja que propone Kast no es solo para eliminar a los/as migrantes, para caigan al pozo sin fondo y no se recuperen a lo largo y ancho de esta xenófoba faja de tierra, sino que es también una hendidura donde todos y todas, el país mismo, puede caer. 

Quizás el fascismo no sea más que eso, una zanja en donde la manipulación discursiva nos hipnotiza y lo in-humano alcanza y logra su ecosistema.

“Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de la Universidad Católica del Maule”.