Chile se mantiene como un referente regional en desarrollo solar, con más de 10.680 MW de capacidad fotovoltaica instalada. Junto a una proyección que podría cuadruplicar esa cifra hacia 2030.
Esto, gracias a sus excepcionales niveles de radiación, terrenos aptos y proximidad a centros industriales. Sin embargo, el centro-sur comienza a perfilarse como un nuevo polo de crecimiento. Especialmente para proyectos de generación distribuida y autoconsumo energético en sectores agrícolas y forestales.
“El desarrollo solar en Chile está en una etapa de madurez incipiente. Existe una industria sólida y en expansión. Pero enfrentamos nuevos desafíos en transmisión, regulación y financiamiento. Aun así, el interés del mercado sigue muy activo. Especialmente en soluciones para autoconsumo y proyectos de menor escala”, afirma el Head Business Developer de Terralink, Martín Benegas.
Actualmente, cerca del 40% de la capacidad instalada en energías renovables no convencionales (ERNC) corresponde a energía solar. Lo que la convierte en la fuente más relevante dentro de este segmento.
Este liderazgo se debe, en gran parte, a las condiciones naturales únicas del país. Chile cuenta con los niveles de radiación solar más altos del planeta. Además, una geografía propicia para grandes extensiones solares y un marco técnico avanzado para su implementación.
Sin embargo, no todo el dinamismo se concentra en las macroplantas del norte. En los últimos años ha habido un crecimiento sostenido en proyectos de Pequeños Medios de Generación Distribuida (PMGD). También en soluciones de autoconsumo para industrias y comercios. Una tendencia que responde tanto a la necesidad de reducir costos energéticos como a una mayor conciencia ambiental.
“Hoy existe un fuerte aumento en la demanda por proyectos llave en mano para empresas regionales. Sobre todo en sectores productivos del Maule, Ñuble y Biobío. Estas zonas tienen un gran potencial, aunque su desarrollo requiere ajustes normativos e incentivos adecuados”, sostiene Benegas.
Uno de los factores clave para el crecimiento sostenido del sector es la incorporación de tecnologías avanzadas.
“El monitoreo remoto con inteligencia artificial en sistemas industriales permite, por ejemplo, mejorar la eficiencia, anticipar fallas y ofrecer mayor confiabilidad”, agrega.
Además, el almacenamiento de energía comienza a jugar un rol cada vez más relevante, especialmente en zonas con saturación de redes. La expectativa del sector es que, con políticas públicas adecuadas, como la modernización de la transmisión y estímulos al almacenamiento y autoconsumo. Chile podría superar el 50% de participación solar en la matriz eléctrica al 2040.
“El potencial solar de Chile es extraordinario. Superar los actuales cuellos de botella permitirá no solo acelerar la transición energética, sino también diversificar el desarrollo regional a través de una industria limpia, tecnológica y descentralizada”, concluye Martín Benegas.
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