Hablar de la muerte tiende a ser incómodo para muchas personas, pero cada vez son más quienes se atreven a enfrentarla con naturalidad y responsabilidad. Decidir con tiempo qué queremos que ocurra cuando ya no estemos —como optar por la cremación, el tipo de ceremonia o el destino de nuestros restos— no sólo nos da tranquilidad, sino que también puede aliviar profundamente el dolor de quienes quedan.
“El duelo no parte cuando alguien muere. Muchas veces empieza cuando hay que tomar decisiones difíciles sin haber hablado nada antes”, explica Constanza Rodríguez de Acoger , red de cementerios católicos, con más de 18 años de experiencia en servicios funerarios y pionera en planificación anticipada. Su modelo se basa en el acompañamiento integral, tanto en lo práctico como en lo emocional, para que cada persona pueda dejar organizadas sus voluntades con calma, claridad y contención profesional.
La planificación anticipada no es sólo un acto administrativo: es un gesto de amor. Significa que dejamos claras instrucciones sobre temas que suelen generar mucha angustia a los familiares, como si se prefiere cremación o sepultura, cómo se desea la despedida, o incluso si se quiere música, flores o una ceremonia privada. También permite prevenir aspectos legales y económicos, evitando trámites complejos en momentos de vulnerabilidad.
Uno de los temas que más consultas genera hoy es la cremación. “Ha crecido mucho en los últimos años porque es más flexible y responde a una visión más íntima del duelo. Pero requiere decisiones claras y anticipadas: qué hacer con las cenizas, dónde reposarán, si habrá una ceremonia, etc.”, explica Constanza Rodríguez. Dejar estas decisiones por escrito de manera anticipada no sólo evita conflictos, también permite que el ritual tenga sentido para quien parte y para quienes lo viven.
Lo que diferencia a Acoger es su enfoque personalizado: cada persona que decide planificar recibe el apoyo de un especialista que guía el proceso, escucha sus inquietudes y ayuda a plasmar sus decisiones en un plan claro y respetuoso. “No se trata sólo de firmar un contrato. Es un proceso de conversación y escucha, donde muchos por primera vez se atreven a hablar de su propia muerte con libertad”, señala Constanza.
Además, el servicio contempla apoyo a las familias en el momento del fallecimiento, para que no tengan que enfrentar solos un camino lleno de trámites y decisiones.
Desde Acoger entregan algunas recomendaciones para quienes quieren empezar este proceso:
La pandemia dejó muchas lecciones, y una de ellas fue la urgencia de conversar sobre la muerte. Hoy, la planificación anticipada no es vista como un tabú, sino como un paso consciente para vivir con más tranquilidad. “Asumir que la muerte es parte de la vida nos permite vivirla con más sentido. Y también desde con menos cargas para quienes amamos”, concluye Constanza Rodríguez de Acoger red de cementerios católicos..
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