En Chile, el cáncer de mama no solo mata. También marca, lacera y deja cicatrices abiertas en miles de mujeres.
Según el último informe del Centro para la Prevención y Control del Cáncer (Cecan), este año se proyectan 6.449 nuevos casos de cáncer de mama en Chile.
Lo más alarmante. En 2023 se registraron 2.263 muertes, lo que representa un aumento cercano al 13 % respecto al año anterior.
Algunas regiones, como Aysén, muestran aumentos de hasta 220 % en la mortalidad. Mientras que Tarapacá y Los Lagos superan el 100 %.
Si bien muchas pueden acceder a tratamientos si se diagnostican a tiempo, un número preocupante llega a etapas avanzadas. Es en esos casos cuando el cáncer traspasa órganos internos y se manifiesta en la piel. Hablamos de las heridas neoplásicas.
Estas lesiones no son simples. Son heridas tumorales abiertas, dolorosas, infectadas, de mal olor y difícil manejo. Provocan un deterioro físico y emocional profundo.
Carolina Saravia, enfermera jefe de Heridas de Avanzada de Clínica CATH, advierte que muchas pacientes enfrentan estas lesiones sin la atención que merecen.
“Estas no son heridas convencionales. No se pueden manejar con productos de farmacia ni en casa. Se necesita una evaluación profesional constante, control del dolor, apósitos específicos. Y muchas veces intervenciones multidisciplinarias para aliviar el sufrimiento de la paciente”, señala.
Más preocupante aún es que el cáncer de mama está afectando cada vez a mujeres más jóvenes.
En los últimos años, las muertes en menores de 40 han aumentado un 19 %. Muchos de estos casos no alcanzan a ser diagnosticados a tiempo. Esto, por no tener acceso a mamografía ni programas adaptados para su grupo etario.
“Muchas mujeres jóvenes no están en el radar de los programas de detección precoz. Cuando consultan, ya hay tumores grandes, ulcerados, o con metástasis. Y ahí la situación cambia radicalmente”, agrega la especialista.
Los factores de riesgo siguen siendo múltiples. Obesidad, sedentarismo, consumo de alcohol, postergación de la maternidad, alimentación ultraprocesada, y antecedentes familiares.
Además, el acceso desigual a diagnóstico y tratamiento sigue siendo una barrera en regiones del norte y sur del país, donde las tasas de mortalidad se disparan por falta de especialistas, mamógrafos o unidades de oncología adecuadas.
“Necesitamos más profesionales formados en heridas oncológicas, más clínicas preparadas y una red de cuidados paliativos que no llegue tarde. Las heridas por neoplasia no son un detalle: son una de las expresiones más dolorosas del abandono sanitario”, concluye.
El cáncer de mama en Chile ya no es solo un problema médico. Es una emergencia social y sanitaria. La detección precoz, el tratamiento oportuno y el cuidado experto de sus complicaciones son fundamentales. Porque cada muerte evitada es una vida ganada. Y cada herida atendida con dignidad es un acto de justicia para quienes ya han sufrido demasiado.
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