Dos señales distintas apuntan a una misma transformación: la Ley de Cabotaje Marítimo y la recertificación internacional de Puerto Coronel.
La primera abre el mar interior de Chile a la competencia y eficiencia que durante décadas quedaron atrapadas en la carretera; la segunda demuestra que nuestros puertos pueden operar con estándares globales.
Juntas marcan el inicio de un país que empieza a mirar el mar no como frontera, sino como infraestructura estratégica.
El nuevo cabotaje permitirá reducir costos logísticos, conectar regiones extremas y ofrecer una vía marítima más limpia y barata para mover carga. Pero la oportunidad solo se concreta si los puertos están preparados. Puerto Coronel lo está: su cumplimiento del Código ISPS refuerza la confianza de navieras y aseguradoras, y convierte la seguridad en una ventaja competitiva, no en un trámite.
Chile comienza a entender que su desarrollo no se mide solo en toneladas exportadas, sino en la calidad de su logística. Modernizar el cabotaje y profesionalizar los puertos es un mismo acto de madurez: pasar de un país que depende del camión a uno que vuelve a navegar su propio futuro.
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