Por Manuelina Eyzaguirre, Gerente General de Kaltemp
La primavera suele ser motivo de entusiasmo: deja atrás los días grises, nos invita a disfrutar de espacios abiertos. Y renueva el aire que respiramos. Sin embargo, para miles de chilenos también marca el inicio de una temporada compleja.
Picazón ocular, estornudos constantes, congestión nasal y un cansancio persistente. Que pareciera instalarse justo cuando la energía debería subir. Las alergias primaverales no solo incomodan; afectan el descanso, la productividad e incluso el ánimo.
Aunque el tratamiento médico siempre debe ser la primera recomendación, hay un aspecto del que se habla poco. Y que puede marcar una gran diferencia: cómo gestionamos el ambiente dentro de nuestros hogares.
Hoy pasamos más tiempo que nunca en espacios cerrados trabajando, descansando, estudiando. Y es en esos entornos donde los factores que desencadenan o intensifican síntomas suelen estar más presentes de lo que imaginamos.
Muchos creen que el aire acondicionado es el causante de las alergias. Esa percepción persiste y es comprensible, pero errónea. El equipo, por sí mismo, no genera alergias; lo que sí puede ocurrir es que, sin una mantención adecuada. Se convierta en un vehículo para dispersar polvo, hongos y partículas suspendidas. En otras palabras, no es la tecnología el problema, sino la forma en que la utilizamos.
En primavera, los principales riesgos dentro del hogar suelen estar asociados a tres factores. Filtros sucios que acumulan polen y ácaros, humedad interna en los equipos que favorece la aparición de moho. Y ambientes excesivamente secos producto del uso intensivo de sistemas de climatización.
La buena noticia es que todos estos factores se pueden manejar. Mantener los filtros limpios idealmente cada uno o dos meses, según el uso. Programar mantenciones preventivas al menos una vez al año y ajustar la temperatura entre los 23 y 25 grados. Son acciones simples que transforman la experiencia.
También es importante evitar corrientes directas sobre el cuerpo y complementar con humidificadores. Cuando el aire se perciba especialmente seco. La salud respiratoria no depende solo de medicamentos y diagnósticos. Sino también de hábitos cotidianos.
Los avances tecnológicos han permitido que la climatización sea más eficiente y más consciente del bienestar. Hoy existen equipos que incorporan filtros antialérgicos, antibacterianos e incluso antivirales. Sistemas que enfrían sin emitir corrientes directas de aire y purificadores capaces de retener partículas microscópicas. Que antes simplemente flotaban en las habitaciones.
Contar con estas herramientas no reemplaza una mantención adecuada, pero sí amplifica sus beneficios y crea espacios más seguros. Especialmente para niños, adultos mayores y personas con sensibilidad respiratoria.
No podemos controlar el nivel de polen en el ambiente exterior ni detener la floración de los árboles. Pero sí podemos decidir cómo respiramos dentro de nuestra casa. La primavera no debería ser sinónimo de malestar. Puede ser una temporada más amable si cuidamos los detalles que no siempre vemos, pero que sí respiramos.
En un país donde las alergias estacionales van en aumento, el bienestar también se construye desde lo invisible: la calidad del aire que nos rodea.
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