Por Xania Pantoja, Cofundadora de ZeroQ.
La adopción de Inteligencia Artificial en la atención al cliente avanza con fuerza en Chile. Cada vez más empresas entienden que la IA puede mejorar la experiencia de los usuarios, optimizar costos y aumentar la eficiencia operativa.
Sin embargo, detrás de este entusiasmo tecnológico se esconde una realidad menos visible. Un número significativo de organizaciones está perdiendo meses, e incluso años. Intentando implementar soluciones de IA sin lograr los resultados esperados.
En la práctica, muchas compañías optan por desarrollar estas iniciativas de forma interna. Convencidas de que basta con adquirir tecnología para transformar sus procesos. El resultado suele ser frustrante.
Implementar IA en atención al cliente no es un proyecto tecnológico aislado. Es un cambio estratégico que impacta procesos, cultura organizacional, métricas de desempeño y la forma en que las empresas se relacionan con sus usuarios. Cuando estos factores no se abordan de manera integral, la tecnología termina siendo subutilizada.
En muchos casos, procesos que antes tomaban un año hoy pueden ejecutarse en pocos meses, con resultados medibles desde etapas tempranas.
Las organizaciones no buscan únicamente automatizar respuestas o reducir tiempos de atención. Buscan mejorar la experiencia del cliente, reducir costos operativos, disminuir la rotación de usuarios y liberar a sus equipos humanos para tareas de mayor valor. Sin una mirada estratégica, estos beneficios quedan en el papel.
La implementación de IA en sectores como retail, telecomunicaciones, salud o servicios financieros comparte desafíos comunes. La experiencia acumulada permite anticipar obstáculos, replicar buenas prácticas y evitar repetir errores ya conocidos. Este aprendizaje continuo es difícil de lograr cuando cada empresa intenta “reinventar la rueda” de manera aislada.
Con demasiada frecuencia, las evaluaciones se centran en indicadores técnicos. Como tasas de resolución automática o tiempos de respuesta. Si bien son relevantes, no son suficientes. La verdadera pregunta es cómo la IA impacta el negocio. Cuánto reduce los costos, cómo mejora la satisfacción del cliente, cuánto tiempo libera a los agentes humanos y cómo contribuye a los resultados financieros. Sin métricas claras y alineadas al negocio, es imposible justificar inversiones o ajustar estrategias a tiempo.
La experiencia reciente demuestra que la IA puede generar mejoras sustantivas cuando se implementa con criterio. Reducciones significativas de costos en atención, aumentos relevantes en indicadores de satisfacción y una operación más eficiente y sostenible. Pero también deja una lección clara. La tecnología, por sí sola, no transforma a las empresas.
En un contexto donde la presión por innovar es cada vez mayor, el verdadero desafío no es adoptar IA rápidamente. sino hacerlo bien. Con estrategia, con propósito y con una mirada integral que entienda que la transformación digital es, ante todo, una decisión de negocio y no solo una apuesta tecnológica.
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