Mientras Corea del Sur y Japón han construido ecosistemas altamente estructurados, impulsados por inversión pública, Deep Tech e infraestructura tecnológica avanzada, Latinoamérica avanza desde una lógica distinta. Una cultura emprendedora fuerte, colaboración regional y startups que nacen con vocación de escalamiento.
Esta combinación abre un terreno fértil para alianzas estratégicas y transferencia de conocimiento entre ambas regiones
A medida que los ecosistemas de innovación evolucionan, comienza a hacerse visible el potencial de colaboración entre regiones con trayectorias distintas. Corea del Sur y Japón, con ecosistemas altamente estructurados y fuerte inversión pública.
Esta convergencia abre una oportunidad concreta para construir alianzas más equilibradas y complementarias entre Asia y Latinoamérica. Basadas en el intercambio de conocimiento, tecnología y experiencia de mercado.
Y actualmente radicada en Corea del Sur. Este potencial de colaboración entre ecosistemas responde a una etapa de mayor madurez del ecosistema latinoamericano. Que hoy permite pensar vínculos más equilibrados y complementarios con Asia.
“No existen modelos universales de innovación. Sino trayectorias construidas desde identidades propias. En ese sentido, el desafío para Latinoamérica no es imitar. Sino reconocer el valor de su propia esencia. Y proyectarla como una propuesta complementaria al mundo. Desde soluciones ancladas en problemas reales hasta una mirada cada vez más sofisticada sobre impacto y eficiencia. La región tiene mucho que aportar desde sus propias fortalezas. Es desde esa identidad, basada en cómo se innova, que Latinoamérica puede vincularse con Asia de manera complementaria“. Afirma.
El ecosistema coreano destaca por un nivel de inversión estatal excepcional. Solo en 2024, el gobierno destinó cerca de US$2.7 mil millones a fortalecer su ecosistema de innovación.
A través de infraestructura tecnológica, programas de desarrollo, hubs especializados y plataformas orientadas a impulsar el crecimiento temprano de startups.
Este enfoque contrasta con el modelo latinoamericano. Donde el desarrollo del ecosistema ha sido impulsado de manera diversa según el país. Con roles más distribuidos y compartidos entre actores públicos, privados, fondos de inversión y universidades. Dando lugar a modelos más descentralizados y colaborativos.
En ese contexto, Corea del Sur y Japón se han posicionado como referentes globales en áreas como Deep Tech, hardware avanzado y robótica. Apoyados por décadas de inversión sostenida en investigación y desarrollo. Así como por una sólida base industrial.
En el caso de Corea del Sur, este liderazgo se extiende además a áreas como energía e hidrógeno. Mientras que Japón destaca por su trayectoria en automatización, manufactura avanzada y tecnologías industriales.
Este desarrollo ha sido acompañado por centros de excelencia como KAIST, considerado el “MIT coreano”. Junto con programas que acompañan a las startups desde etapas tempranas hasta su consolidación.
“En Corea existe una cultura de alta exigencia en formación y excelencia técnica. Lo que se traduce en profesionales altamente capacitados y en el desarrollo de soluciones tecnológicas de vanguardia. En Latinoamérica también contamos con talento de primer nivel. Pero nuestro enfoque suele partir de problemas muy concretos de la región. Eso ha impulsado a muchas startups a crecer con rapidez y a desarrollar soluciones altamente aplicables. Cuando ambas miradas se conectan, se genera un match muy potente. Asia desde la infraestructura tecnológica y la profundidad industrial. Latinoamérica desde la urgencia, el pragmatismo y la capacidad de llevar soluciones al mercado”.
Esta diferencia, lejos de ser una barrera. Abre un espacio fértil para colaboraciones equilibradas y complementarias entre ambos ecosistemas. Señala de la Paz:
Una de las áreas donde la convergencia entre ambos ecosistemas ya es más visible es la transición energética. Corea cuenta con tecnologías e infraestructura para avanzar en energía limpia. Mientras que Chile posee condiciones naturales únicas para integrarlas. Desde el litio hasta la radiación solar del desierto más extremo del mundo.
“El intercambio entre regiones ya está tomando forma. Chile tiene la oportunidad de atraer tecnología de punta que complemente sus industrias estratégicas. Y Corea puede encontrar en nuestros recursos naturales el entorno ideal para seguir innovando. Ese cruce de caminos es una señal clara de que existe una oportunidad concreta para profundizar estas conexiones”.
La convergencia entre Asia y Latinoamérica no implica replicar modelos. Sino aprender de estructuras que han demostrado resultados y adaptarlas a una realidad cultural distinta. Como explica de la Paz, “no existe un plug-and-play en innovación. La clave está en entender la matriz cultural que sostiene cada ecosistema y construir desde ahí”.
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