El Año Nuevo Chino 2026, que se celebrará oficialmente entre el 17 y el 24 de febrero, ya está impactando al mercado.
No como un hecho puntual. Sino que como un fenómeno anticipado que condiciona decisiones logísticas y comerciales. También financieras, semanas antes de la fecha oficial.
Desde una mirada estratégica, el Año Nuevo Chino debe entenderse como un ciclo logístico completo. Comienza con cierres progresivos de fábricas desde fines de enero. Continúa con una concentración extraordinaria de carga previa a las festividades. Finaliza con una reactivación gradual posterior al 24 de febrero.
Exige que las empresas ajusten su planificación con anticipación. Es evento cultural con impacto estructural en la cadena de suministro.
China y Asia siguen siendo el eje productivo del comercio global. Por lo mismo, cualquier alteración en su capacidad productiva y operativa tiene efectos directos. Esto, en las cadenas de suministro internacionales.
Durante el Año Nuevo Chino, las fábricas no cierran todas al mismo tiempo.
Algunas reducen turnos, otras adelantan producción y muchas detienen completamente su operación por semanas. A esto se suma la salida anticipada de trabajadores. Congestión portuaria y una presión sostenida sobre los servicios navieros.
También menor flexibilidad operativa y mayor exposición a sobrecostos y reprogramaciones.
Para el mercado chileno, este ciclo se intensifica. La distancia con Asia, la menor frecuencia de servicios y las ventanas logísticas más acotadas hacen que cada ajuste en origen tenga un efecto amplificado en destino.
La experiencia demuestra que las decisiones que no se toman en enero se pagan en febrero y marzo. Importadores que esperan reaccionar enfrentan menos alternativas. También menor poder de negociación y mayor presión sobre sus costos logísticos y comerciales.
El Año Nuevo Chino no es un problema del proveedor ni del operador logístico. Es una variable estratégica que debe incorporarse en la planificación del importador.
Revisar inventarios, anticipar órdenes, asegurar espacios y ajustar compromisos comerciales permite proteger la continuidad del negocio. Quienes no lo hacen suelen enfrentarse a quiebres de stock, incumplimientos y mayores costos indirectos.
Para los exportadores, en tanto, implica un desafío: adaptarse a un mercado que durante este período opera a otro ritmo. Ajustar calendarios, revisar fechas comprometidas y mantener una comunicación clara con clientes y operadores es clave para evitar tensiones comerciales innecesarias.
El Año Nuevo Chino no es una contingencia inesperada, es un evento estructural del comercio internacional que, perfectamente, se puede anticipar.
En 2026, con cadenas logísticas aún sensibles y mercados altamente exigentes, el mensaje es claro: la planificación temprana dejó de ser una recomendación y se transformó en una condición para operar con estabilidad. www.international-line.cl/
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