
El fin de las vacaciones, el verano y el retorno al trabajo o a clases no solo implica retomar horarios y responsabilidades. Sino también reorganizar aspectos clave del autocuidado. Entre ellos, la salud sexual y reproductiva suele quedar en segundo plano durante el verano. Periodo en que los cambios de rutina pueden afectar la correcta adherencia a métodos anticonceptivos.
Según advierten desde DKT South America, es frecuente que durante las vacaciones se produzcan olvidos en la toma de pastillas, retrasos en la aplicación de inyecciones o modificaciones importantes en los horarios habituales. Lo que puede disminuir la efectividad de estos métodos si no se corrige a tiempo.
“Cuando salimos de vacaciones cambiamos completamente la rutina. Nos acostamos más tarde, viajamos o dejamos de lado ciertas responsabilidades. En ese contexto, es común que se olviden dosis o que no se respeten los horarios. Por lo que el regreso también debe incluir ordenar la salud sexual”. Explica la matrona Victoria Cancino.
La especialista detalla que, si el método anticonceptivo fue suspendido o hubo olvidos prolongados. Lo recomendable es reiniciar y mantener al menos siete días de abstinencia o utilizar protección adicional. Como preservativo, para recuperar su efectividad.
En cambio, si solo hubo cambios de horario, el ajuste debe ser gradual hasta volver a la rutina habitual. Evitando intervalos extensos sin protección.
Desde la organización señalan, además, que marzo es un momento oportuno para agendar controles ginecológicos, resolver dudas y evaluar si el método utilizado sigue siendo el más adecuado. Según la etapa de vida y necesidades personales.
“Ordenar la salud sexual es parte del autocuidado y de una planificación responsable. Retomar la rutina con información y organización permite evitar riesgos innecesarios y comenzar el año con mayor tranquilidad”. Concluye Cancino.
Expertos coinciden en que anticiparse, informarse y planificar son claves para enfrentar esta nueva etapa con bienestar. Especialmente tras un periodo donde las rutinas cambian significativamente. Así, el regreso a la normalidad no solo pasa por agendas y horarios. Sino también por decisiones preventivas que impactan directamente en la salud y calidad de vida




