Perimenopausia: la señal silenciosa que miles de mujeres están ignorando desde los 40

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Perimenopausia: la señal silenciosa que miles de mujeres están ignorando desde los 40

Por Victoria Cancino, matrona de DKT Chile

Durante años, la conversación sobre salud femenina ha puesto el foco en la menopausia como si fuera un punto de llegada claro y reconocible. Sin embargo, para miles de mujeres en Chile, el verdadero desafío comienza mucho antes y casi siempre en silencio: la perimenopausia.

Hablamos de una etapa de transición hormonal que puede iniciar desde los 40 años, a veces incluso antes y que sigue siendo ampliamente subdiagnosticada. No porque falten señales, sino porque muchas mujeres no saben interpretarlas y, en no pocos casos, el sistema tampoco las está buscando activamente.

La perimenopausia no tiene un calendario fijo. No son “dos años antes” ni “tres años antes” de la menopausia. Es un proceso biológico variable que se manifiesta principalmente a través de síntomas que, vistos de forma aislada, suelen confundirse con estrés, sobrecarga laboral o simplemente “cansancio”.

El primer aviso suele estar en el ciclo menstrual. Reglas que se adelantan, se atrasan, cambian de intensidad o desaparecen por meses y luego regresan. Ese desorden en el sangrado es, muchas veces, la señal más temprana de que el cuerpo está entrando en esta transición.

Alteraciones del ánimo, irritabilidad repentina, tristeza sin causa aparente, bochornos, trastornos del sueño o cambios en el apetito también pueden formar parte del cuadro. El problema es que, en la práctica, estas manifestaciones suelen normalizarse o atribuirse a la rutina diaria de mujeres que, a los 40, suelen estar en plena vida laboral, familiar y de cuidados.

Ahí está el punto crítico: la perimenopausia existe, se siente, pero rara vez se nombra.

El riesgo del autodiagnóstico (y del subdiagnóstico)

Otro error frecuente es asumir que todos estos síntomas corresponden automáticamente a perimenopausia. No siempre es así. Algunas alteraciones pueden estar relacionadas con trastornos tiroideos, cambios metabólicos o desbalances de glicemia. Por eso, la evaluación clínica es clave.

Hoy existen exámenes de sangre, principalmente medición de FSH y, en algunos casos, LH que permiten orientar el diagnóstico. Sin embargo, hay una brecha evidente. Estos estudios no siempre están disponibles de forma oportuna en la atención primaria, lo que retrasa la confirmación y, en consecuencia, el acompañamiento adecuado.

Y hay otro elemento que suele olvidarse: no todas las mujeres presentan síntomas. Algunas transitan esta etapa de forma casi imperceptible y descubren que llegaron a la menopausia simplemente porque el sangrado no volvió. En esos casos, el diagnóstico depende completamente de la pesquisa clínica.

No todas necesitan lo mismo

Frente a la perimenopausia no existe una receta única, y este es un mensaje que urge instalar.

Hay mujeres que requerirán terapia hormonal de reemplazo porque sus síntomas afectan significativamente su calidad de vida. Pero muchas otras pueden manejarse con medidas locales, cambios de hábitos o tratamientos más simples.

Por ejemplo, molestias como la resequedad vaginal o cutánea pueden abordarse con lubricantes o productos específicos. Esto, sin necesidad de iniciar terapia sistémica. La clave está en la evaluación individual y en el acompañamiento profesional oportuno.

Reducir esta etapa a una solución única no solo es clínicamente incorrecto, sino que también contribuye a la desinformación.

La deuda pendiente: información y acceso

Lo verdaderamente preocupante no es que la perimenopausia exista, porque es un proceso natural de la vida reproductiva. Es que siga transitándose con tan poca información.

Persisten mitos, silencios y barreras de acceso que hacen que muchas mujeres pasen años sintiéndose “distintas” sin entender por qué.

A esto se suma una limitación concreta. Los exámenes hormonales no forman parte de las canastas básicas de atención primaria. Esto reduce su solicitud y retrasa diagnósticos.

En un país que envejece y donde las mujeres viven cada vez más años después de su etapa reproductiva, seguir invisibilizando la perimenopausia no es neutro. Impacta bienestar, productividad, salud mental y calidad de vida.

Nombrar para acompañar

La perimenopausia no es una enfermedad, pero tampoco es un proceso que deba vivirse a ciegas. Informarse, consultar a tiempo y contar con evaluación profesional permite transitar esta etapa con mayor tranquilidad y mejores herramientas.

Porque cuando el cuerpo empieza a hablar, muchas veces desde los 40, lo que necesitamos no es silencio ni normalización automática.

Necesitamos escucha, información y acompañamiento oportuno.