Un cambio de foco está marcando la evolución de la inteligencia artificial en las organizaciones. Más allá de su impacto en eficiencia, el verdadero valor comienza a trasladarse hacia el crecimiento, la velocidad de ejecución y la calidad de las decisiones.
Esa es una de las principales conclusiones del informe “La era de la co-inteligencia: cómo las personas, los agentes de inteligencia artificial y los robots están redefiniendo el valor”. Elaborado por Accenture en conjunto con Wharton. Que plantea que la IA está transitando desde un rol de apoyo hacia modelos de colaboración avanzada entre humanos y sistemas inteligentes.
El estudio identifica un punto de inflexión. Las organizaciones están dejando atrás el uso de la IA como herramienta para tareas específicas. Para avanzar hacia esquemas donde estos sistemas pueden interpretar intenciones. Evaluar alternativas, coordinar procesos y ejecutar tareas delimitadas a gran escala.
En este caso, el desafío para las empresas cambia de eje. Ya no se trata solo de adoptar tecnología. Sino de traducir esa capacidad en valor concreto.
Según el informe, el principal potencial económico de la IA no proviene de la reducción de costos. Sino de su capacidad para mejorar decisiones, acelerar procesos y elevar la calidad de los resultados. Factores que impactan directamente en el crecimiento.
“La conversación sobre inteligencia artificial ya no pasa solo por automatizar tareas o ganar eficiencia. Sino por entender cómo esa capacidad adicional puede convertirse en crecimiento, velocidad de ejecución y una mejor toma de decisiones”. Señala Rodolfo Angelastro, Managing Director de Accenture.
Ese impacto, sin embargo, no será homogéneo. El informe identifica que el valor tiende a concentrarse en funciones específicas y en ciertos grupos de tareas transversales. Áreas como Ventas, Investigación y Desarrollo y Acceso al Mercado concentran el mayor potencial de crecimiento. Mientras que las ganancias de productividad se distribuyen en actividades como gestión, estrategia, análisis de datos y generación de contenidos.
A medida que ese potencial aumenta, también lo hace el riesgo. Las funciones con mayor impacto suelen involucrar decisiones más sensibles. Lo que exige fortalecer mecanismos de gobierno, transparencia y supervisión. En ese escenario, el liderazgo se vuelve clave para definir qué decisiones pueden delegarse y bajo qué condiciones.
El informe también advierte que esta transformación no es solo tecnológica. Sino también organizacional y laboral. A medida que la IA descompone el trabajo en tareas. Las empresas comienzan a migrar desde estructuras basadas en cargos hacia modelos centrados en habilidades. Donde toman relevancia capacidades como el juicio, la coordinación y la ejecución especializada.
En esa línea, las compañías que están logrando mejores resultados son aquellas que integran de forma consistente estrategia, tecnología y talento. Más que superponer IA sobre procesos existentes. Estas organizaciones están rediseñando la forma en que trabajan, aprenden y generan valor.
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