
Para enfrentar el sobrepeso infantil, se impulsan estrategias que combinan más horas de Educación Física. También incluyen programas nutricionales dirigidos a padres y profesores. El objetivo es reducir el sedentarismo y mejorar la concentración en el aula.
Santiago, abril de 2026. — A propósito del Día del Deporte (6 de abril), el debate sobre el rol de la actividad física y la alimentación escolar cobra una urgencia renovada. Según el Mapa Nutricional Junaeb 2025, el 51,7% de los niños, niñas y adolescentes en Chile presenta malnutrición por exceso.
Esta crisis sanitaria alcanza su punto más crítico en 5.º básico. En ese nivel, el 61,9% de los alumnos sufre esta condición. Esto evidencia la necesidad de intervenir no solo en el aula, sino también en los hábitos del hogar.
Frente a este escenario, un colegio de Estación Central decidió tomar una medida concreta. Mientras el currículum nacional exige solo dos horas pedagógicas semanales de actividad física, The Greenland School, perteneciente a la red de colegios Cognita, amplió este tiempo a cerca de seis horas de deporte a la semana desde 5.º básico.
Con esto, supera en un 200% el estándar obligatorio. Además, este enfoque preventivo comienza desde la Educación Parvularia. Incluye clases impartidas por profesores especializados desde los 3 años.
Más allá de la cancha: La colación y la casa
Sin embargo, el equipo directivo entendió que transpirar en la cancha no basta. Los hábitos también deben cambiar en el hogar. Por ello, Cognita insertó en su currículum el programa “Nutrición y vida saludable”.
Este programa está enfocado desde educación parvularia hasta 4to básico. Son los niveles donde la prevalencia de obesidad y la adquisición de hábitos es más relevante.
Esta iniciativa funciona como una plataforma integral de promoción de salud. Tiene objetivos muy prácticos.
Involucramiento del hogar: Sensibilizar a los niños y sus familias sobre la importancia de realizar actividad física. También promueve llevar una alimentación variada y equilibrada.
Docentes como promotores: Sensibilizar y capacitar a la comunidad docente en hábitos de alimentación sana y vida activa.
Ocio activo familiar: Fomentar la práctica de ejercicio físico regular. También impulsa el ocio activo en la población escolar y sus familias.
Prevención temprana: Colaborar en la prevención de riesgos para la salud frecuentes en la infancia, tal como la obesidad.
“No sacamos nada con tener a los niños corriendo tres veces a la semana si al llegar a casa el hábito es el sedentarismo y el ultraprocesado. El verdadero cambio contra la obesidad no ocurre solo en el gimnasio, sino en la cocina y en la mesa de cada familia.
Como colegio, decidimos dejar de ser observadores y entrar directamente a apoyar a los padres en esta reeducación. La salud de los alumnos es una responsabilidad compartida que no termina cuando suena el timbre de salida”, señala María Pila Neumann, rectora de The Greenland School.
Impacto directo en la salud mental y el aprendizaje
Esta estrategia integral no solo apunta a la balanza. También impacta en el rendimiento escolar del alumno.
“La obesidad infantil no se revierte con acciones aisladas. Requiere hábitos sostenidos en el tiempo y una relación temprana y positiva con el movimiento”, señala Susana Espinoza, jefa del departamento de deportes de The Greenland School.
Si bien replicar este modelo en el sistema público enfrenta desafíos, existen limitaciones presupuestarias y brechas de infraestructura deportiva. Estas afectan a diversos establecimientos.
La experiencia de Estación Central evidencia que el aumento estructural de horas de Educación Física y la reeducación familiar son herramientas concretas. También son efectivas en la prevención de la obesidad infantil.





