Soberanía computacional, oportunidad para liderar

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Soberanía computacional, oportunidad para liderar

Por Álvaro Melo, BDM Ciberseguridad ITQ Internacional

Actualmente, Chile tiene una posición dual en la carrera por la soberanía computacional. No somos fabricantes de semiconductores (chips). Lo que nos mantiene dependientes de las cadenas de suministro globales lideradas por potencias como Estados Unidos, Taiwán y China. No obstante, somos líderes regionales indiscutidos en infraestructura de centros de datos. 

En efecto, Chile se ha consolidado como el “hub digital” del Pacífico Sur. Atrae inversiones multimillonarias de gigantes tecnológicos (hyperscalers) como Google, Microsoft, AWS y Huawei. Contamos con decenas de data centers operativos y en desarrollo.

Desde la perspectiva de la ciberseguridad, la reciente implementación de la Ley Marco de Ciberseguridad (Ley 21.663) ha sido un hito.

Esta normativa reconoce a estas infraestructuras como críticas (Operadores de Importancia Vital). Esto eleva nuestros estándares de protección de datos y capacidad de cómputo al nivel de países desarrollados. Nos hace un destino seguro y confiable para el procesamiento de Inteligencia Artificial en la región.

En ese contexto, para transformar esa ventaja inicial en verdadera soberanía computacional, Chile debe superar tres barreras críticas.

Sostenibilidad y crisis hídrica. 

El entrenamiento de modelos de IA requiere una potencia de cálculo masiva. Lo que se traduce en un consumo de energía y agua (para refrigeración de servidores) gigantesco.

En un país que atraviesa una megasequía, el gran desafío es exigir a la industria que transite hacia sistemas de enfriamiento sin consumo de agua. Además que impulse el uso exclusivo de energías renovables.

Seguridad y soberanía de los datos. 

Albergar los servidores físicos de corporaciones extranjeras no equivale a tener soberanía sobre la tecnología. El desafío de la nueva Agencia Nacional de Ciberseguridad (ANCI) es garantizar que los datos de los chilenos, procesados por IA, no queden expuestos. Esto, a ciberataques de actores estatales extranjeros o secuestros de información (ransomware).

Desarrollo de talento e infraestructura local.

Nos falta capacidad de cómputo soberana (High Performance Computing o HPC).  Administrada por el Estado o universidades. Además sufrimos una escasez de profesionales altamente especializados tanto en IA avanzada. Como también en ciberseguridad ofensiva y defensiva.

Consolidación regulatoria y tecnológica 

Hacia el final de esta década, veremos a Chile no solo como un receptor de data centers, sino como un pionero en “Data Centers Verdes”. La presión comunitaria y medioambiental obligará a la industria a innovar radicalmente en su huella ecológica.

En el ámbito de la ciberseguridad, veremos un ecosistema corporativo mucho más maduro. La fiscalización de la Ley de Ciberseguridad obligará a empresas de todos los tamaños a blindar sus operaciones, lo que convertirá a Chile en una “fortaleza digital” exportadora de servicios seguros.

Además, la Inteligencia Artificial pasará de ser una novedad a estar integrada en infraestructuras críticas nacionales, como la minería 4.0, la red eléctrica y los sistemas financieros, requiriendo defensas automatizadas operadas por la propia IA.

Con todo, lo cierto es que la tecnología dejó de ser solo una herramienta comercial; hoy es un activo estratégico de seguridad nacional. La carrera por la Inteligencia Artificial y los centros de datos no la gana quien tiene más computadoras instaladas en su territorio. Sino quien logra integrar esa tecnología de manera segura, ética y sostenible.

Como país, no podemos permitir que el avance digital se haga a costa de nuestros recursos naturales (como el agua) o de la privacidad de nuestros ciudadanos. La verdadera soberanía computacional significa tener el control de nuestro destino tecnológico. La ciberseguridad no es un freno para la innovación, es el cinturón de seguridad que nos permitirá acelerar hacia el futuro sin estrellarnos en el camino.

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