El país encabeza la región y roza el 80% de sobrevida en cáncer infantil. Pero evidencia brechas estructurales e importantes desafíos en materia de rehabilitación, salud mental y seguimiento a los sobrevivientes.
Chile se posiciona como uno de los países con mejor sobrevida de cáncer infantil en América Latina.
Así lo revela CONCORD-4. Es la cuarta edición del programa global que monitorea la sobrevida del cáncer, a largo plazo en base a registros poblacionales.
Hoy, sin embargo, el país ya alcanza cifras cercanas al 80%. Esto lo consolida una mejora sostenida en las últimas dos décadas.
La distancia con los países de la OCDE sigue siendo relevante. Esto, comparando las cifras de los países miembros entre 2015-2019.
Naciones como Noruega, Irlanda o Estados Unidos superan el 85% e incluso rozan el 89%. En tanto, Chile se ubica por debajo de economías avanzadas y también de algunos pares de ingreso medio-alto.
Esta brecha refleja una tendencia global que los países de altos ingresos ya consolidaron. Con tasas sobre el 80%. Mientras que los de ingresos medios-altos, grupo donde se encuentra Chile, se mantienen entre el 60% y el 80%. En los de ingresos medios-bajos pueden caer incluso por debajo del 60%.
Chile y Uruguay lideran con cifras cercanas al 77–78%. Mientras países como Perú o Ecuador presentan niveles significativamente más bajos.
Pese a este escenario, Chile ha logrado avanzar de forma consistente. Pasando de 61,5% de sobrevida a comienzos de los 2000 a cerca de 80% en la actualidad.
Este progreso responde a una combinación de políticas públicas. Además del fortalecimiento del sistema sanitario y desarrollo de capacidades clínicas a nivel país.
“Estos resultados son posibles porque existe una política pública sostenida en el tiempo. Esto ha permitido ordenar el sistema, estandarizar tratamientos y asegurar acceso oportuno”, explica Amaya Muñoz, coordinadora de Extensión y Vinculación con el Medio de Fundación Nuestros Hijos.
En esa línea, la especialista detalla que la incorporación del cáncer infantil al sistema de garantías de salud, junto con la creación de registros nacionales y programas especializados, ha sido clave para mejorar la sobrevida.
“El GES obliga a cumplir tiempos, protocolos y seguimiento. Eso cambia completamente la forma en que se enfrenta la enfermedad. Ello, porque ya no depende de cada centro, sino que existe una red coordinada”, señala.
Sin embargo, el propio CONCORD-4 instala una alerta. El avance existe, pero es profundamente desigual, y el desafío global ya no es solo aumentar el promedio de sobrevida, sino cerrar las brechas entre países. Incluso, la meta impulsada por la OMS de alcanzar un 60% al 2030 podría resultar poco ambiciosa frente al ritmo actual de progreso.
“Cuando uno supera el 80% de sobrevida, el desafío deja de ser solo salvar vidas y pasa a ser cómo viven esos niños después. Ahí aparecen temas como rehabilitación, salud mental y seguimiento a largo plazo, donde todavía hay mucho por avanzar”, advierte.
El escenario indica que Chile ha logrado posicionarse como referente en la región y ahora debe demostrar que es posible mejorar de manera sostenida. Pero la distancia con los países más desarrollados persiste y, al mismo tiempo, emerge un nuevo desafío sanitario, que es no solo curar más, sino asegurar que quienes sobreviven al cáncer infantil puedan desarrollarse plenamente y sin secuelas evitables.
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