Por José Antonio Lagos, CEO de Cybertrust.
Este lunes comienza un nuevo CyberDay, un evento donde la conversación suele centrarse en descuentos, oportunidades y rapidez.
Millones de personas ingresan a sitios web y aplicaciones buscando aprovechar ofertas antes de que se agoten. Sin embargo, detrás del entusiasmo por comprar también aparece un riesgo cada vez más relevante. Los fraudes digitales. Y para prevenirlos debemos entender cómo pensamos, sentimos y reaccionamos.
La tendencia de las personas a caer en fraudes se puede explicar desde tres dimensiones. La primera son los sesgos cognitivos. Muchas estafas apelan a nuestra tendencia a responder rápido frente a una supuesta oportunidad. “Últimas unidades”, “oferta por pocos minutos” o “descuento exclusivo”.
La segunda dimensión es la carga tecnológica. Hoy compramos, pagamos y recibimos promociones en múltiples plataformas. Correos electrónicos, redes sociales, aplicaciones, sitios web y mensajes de texto.
Mientras más canales usamos, más puntos de contacto existen para que un fraude parezca legítimo y nos lleve a caer en uno. Además, el exceso de información genera cansancio digital. Revisamos tantas notificaciones al día que muchas veces actuamos en “piloto automático”. Haciendo click sin detenernos a analizar si el sitio es auténtico o si el remitente realmente corresponde a la empresa que dice ser.
La tercera dimensión es el contexto emocional. Una persona con altos niveles de estrés, ansiedad o cansancio puede estar más expuesta a tomar decisiones impulsivas.
Si a eso se suma una oferta atractiva o un mensaje alarmante. La probabilidad de caer aumenta. Los ciberdelincuentes entienden muy bien este comportamiento humano y utilizan emociones como el miedo, la urgencia o la recompensa para manipular decisiones.
Por ejemplo, una supuesta gift card “gratis” puede activar la sensación de que estamos recibiendo un beneficio. Generando un impulso inconsciente de responder o actuar. Del mismo modo, una promoción limitada genera ansiedad por no perder la oportunidad.
Frente a esto, la mejor defensa es desarrollar el pensamiento crítico. Antes de hacer click o comprar, conviene detenerse y preguntar: ¿por qué estoy recibiendo este descuento? ¿es una oferta real? ¿puedo verificarla en el sitio oficial? ¿el enlace es seguro? ¿otras personas también recibieron esta promoción? Esa pausa de algunos segundos puede marcar la diferencia entre una compra segura y una estafa.
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