Empresas sin talento y personas sin trabajo. Es una problemática que hoy se conversa en Chile. Esto, porque es una paradoja bien evidente.
Más que un problema de falta de empleo o de candidatos, lo que hay es un desajuste.
Las empresas están buscando perfiles que han cambiado rápidamente (con más foco en lo digital, lo analítico y la capacidad de adaptarse). Mentras que una parte importante de la fuerza laboral viene de trayectorias más tradicionales. Esto, desde donde esas habilidades no siempre están desarrolladas.
Lugares donde hoy no basta con saber hacer bien el trabajo operativo. Se necesitan personas que entiendan el negocio. Que puedan trabajar con datos, tomar decisiones y moverse en entornos más dinámicos. Y ahí es donde empieza a aparecer la brecha.
El factor edad, además, juega un rol clave en este escenario. Muchas veces se aborda poco. Por un lado, están los profesionales mayores de 50 años que tienen experiencia, conocimiento del negocio y habilidades relacionales muy valiosas. Pero que enfrentan barreras de reinserción, por prejuicios o brechas en habilidades digitales.
Ambos extremos terminan quedando fuera o subutilizados. Esto es una pérdida importante de talento. En el caso de los profesionales senior, se desaprovecha experiencia crítica. Mientras que en el caso de los jóvenes, se retrasa su desarrollo y aporte al mercado laboral.
El impacto es bien concreto. Para las compañías, significa proyectos que se atrasan y menor capacidad de innovar. Rn algunos casos, decisiones que se toman con menos información o menos profundidad. En simple, se pierde competitividad.
Hay gente con experiencia que siente que su perfil quedó obsoleto, al tiempo que un grupo significativo de jóvenes no logra dar el primer paso laboral, lo que afecta sus ingresos, motivación y desarrollo profesional. Al final, esto termina siendo un problema país, porque afecta directamente la productividad y amplía las brechas sociales.
¿Cómo avanzar? Probablemente, el camino va por integrar mejor estos mundos. En el caso de los profesionales sobre 50 facilitar programas de reconversión y actualización (especialmente en habilidades digitales). Pero también cambiar la mirada de las empresas, entendiendo el valor que aporta la experiencia.
Y, en el caso de los recién egresados, generar más espacios de entrada, como programas de entrenamiento, prácticas con continuidad y modelos de formación en el puesto de trabajo.
Las organizaciones que están enfrentando mejor este escenario son las que combinan ambos perfiles: experiencia y nuevas capacidades. Equipos intergeneracionales, donde unos aportan visión y otros nuevas herramientas.
Con todo, el desafío no es solo ocupar vacantes, sino que construir talento de manera más inclusiva y sostenible. Porque hoy, más que nunca, ese mismo talento no sobra: está desalineado. Y ahí es donde está la oportunidad.
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