El sudor que puede dañar la piel: alertan que algunas lesiones en adultos mayores, podrian comienzar en los pliegues del cuerpo.

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El sudor que puede dañar la piel: alertan que algunas lesiones en adultos mayores, podrian comienzar en los pliegues del cuerpo.

Entre un 70% y un 80% de los adultos mayores presenta enfermedades activas de la piel, mientras que cerca del 73% sufre resequedad cutánea que aumenta el riesgo de lesiones.

En Chile, más de 3,6 millones de personas superan los 60 años. Especialistas advierten que la humedad acumulada en zonas como ingles, abdomen, axilas y glúteos puede desencadenar heridas complejas. También infecciones, e incluso hospitalizaciones si no se detecta a tiempo.

Lo que muchos es una simple irritación por calor o transpiración puede transformarse en una lesión dolorosa y de difícil recuperación.

Especialistas están alertando sobre el aumento de heridas asociadas a la humedad en adultos mayores.

Es una condición que se produce cuando el sudor queda atrapado durante horas en los pliegues de la piel. Ello debilita su estructura y favoreciendo la aparición de lesiones, hongos e infecciones.

Clínica Cath se especializa en heridas complejas y avanzadas. Sus especialistas, explican que este problema afecta principalmente a personas mayores con movilidad reducida. También, con dependencia funcional, obesidad o enfermedades crónicas.

“Muchas veces las familias creen que es solo una cocedura o una irritación pasajera. Pero cuando la piel permanece en contacto con sudor, durante largos períodos se comienza a humedecer. Con ello pierde su capacidad de protección y pueden aparecer heridas abiertas que avanzan rápidamente”, explica Carolina Saravia.

Las zonas más afectadas suelen ser debajo de las mamas, ingle, abdomen, cuello, axilas y glúteos.

Zonas donde la fricción es constante. Y la humedad genera un ambiente ideal para el deterioro de la piel.

La preocupación no es menor. Estudios de dermatología geriátrica muestran que entre un 70% y un 80% de los adultos mayores presenta alguna enfermedad activa de la piel. Mientras que cerca del 73% desarrolla xerosis o resequedad cutánea. Una condición que vuelve la piel más frágil frente al roce, el sudor y la humedad acumulada.

“En personas mayores la piel ya es más delgada y más seca. Tiene menor capacidad de regeneración. Por eso algo tan simple como la transpiración puede generar lesiones importantes. Esto, si no existe una vigilancia adecuada”, agrega Saravia.

Los especialistas explican cuáles son las primeras señales. Suelen aparecer como enrojecimiento persistente, ardor, picazón y cambios de coloración. También con sensibilidad o zonas blanquecinas.

Cuando el problema progresa, pueden desarrollarse erosiones y heridas abiertas. Incluso infecciones bacterianas e incluso lesiones profundas que requieren tratamientos prolongados.

Actualmente Chile enfrenta un escenario especialmente sensible debido al envejecimiento de la población. Más del 18% de los habitantes tiene sobre 60 años, lo que equivale a cerca de 3,6 millones de personas, grupo donde estas lesiones son cada vez más frecuentes debido a la dependencia física y el aumento de enfermedades crónicas.

“El principal error es normalizar estos cambios en la piel. Muchas personas consultan cuando ya existe una herida abierta o signos de infección. Detectar el problema en etapas tempranas puede evitar semanas o meses de tratamiento”, señala la enfermera jefe de Clínica Cath.

Para prevenir estas lesiones, los expertos recomiendan secar cuidadosamente los pliegues después del baño, utilizar ropa que permita la ventilación de la piel, evitar la acumulación de humedad, mantener una adecuada hidratación y revisar diariamente las zonas de roce, especialmente en pacientes postrados o con movilidad reducida.

Según Clínica Cath, gran parte de estas heridas son prevenibles si se identifican los primeros signos de daño cutáneo.

Sin embargo, advierten que el desconocimiento sigue siendo uno de los principales factores que permite que lesiones inicialmente leves evolucionen hacia cuadros complejos que afectan directamente la calidad de vida y autonomía de los adultos mayores.