Piel áspera, tirante, con picazón y descamación. Para muchas familias, estas señales son consideradas una consecuencia normal de la edad. Especialistas advierten que la resequedad en la piel de personas mayores puede evolucionar hacia grietas. También a sangrado, heridas e infecciones si no se detectan y tratan a tiempo.
Un análisis internacional estimó que la xerosis, nombre médico de la piel seca, afecta a cerca del 53% de las personas mayores y puede llegar al 64% entre quienes viven en residencias de larga estadía.
En Chile, una investigación realizada en personas mayores de 80 años de dos comunas del sector norte de Santiago detectó xerosis en el 73% de los participantes. Es decir, cerca de 7 de cada 10 personas mayores evaluados presentaban resequedad cutánea.
La cifra cobra especial importancia considerando el acelerado envejecimiento de la población nacional. De acuerdo con los resultados del Censo 2024, el 14% de los habitantes del país tiene 65 años o más, lo que equivale a cerca de 2,6 millones de personas. En 1992, este grupo representaba solo el 6,6% de la población.
“La piel de la persona mayor es más delgada, produce menos grasa natural y tiene menor capacidad para retener agua. Por eso, una resequedad que comienza con picazón o descamación puede terminar en fisuras, sangrado y heridas, especialmente cuando la persona se rasca o existe roce constante con la ropa, el pañal o la cama”, explica Carolina Saravia, enfermera jefe de Clínica Cath, institución especializada en heridas de avanzada.
La resequedad suele aparecer con mayor frecuencia en piernas, brazos, manos, codos, talones y pies. La piel puede verse opaca, escamosa y áspera, mientras que en los casos más avanzados pueden aparecer grietas dolorosas.
Uno de los principales riesgos ocurre cuando la picazón lleva a la persona a rascarse de manera constante. Las uñas pueden producir pequeñas lesiones que facilitan el ingreso de bacterias y aumentan el riesgo de infección.
El frío y la baja humedad ambiental. Junto con la calefacción, las duchas prolongadas con agua caliente y el uso de jabones agresivos pueden empeorar el problema. También pueden influir enfermedades como diabetes, insuficiencia renal, alteraciones tiroideas, problemas circulatorios y algunos medicamentos.
“Muchas familias consultan recién cuando la piel ya está abierta o sangrando. En una persona mayor, una pequeña grieta puede crecer rápidamente y tardar mucho más en cerrar, sobre todo cuando existen enfermedades crónicas, mala circulación o movilidad reducida”, advierte Saravia.
Uno de los hábitos más perjudiciales es ducharse durante mucho tiempo con agua muy caliente. Aunque puede resultar agradable durante los meses fríos, el calor elimina parte de los aceites naturales que protegen la piel.
También puede ser dañino utilizar jabones antibacterianos, productos perfumados, alcohol, agua oxigenada, talco o remedios caseros sobre zonas irritadas, agrietadas o heridas.
“No todo producto sirve para una piel envejecida. Algunas cremas con fragancia, jabones fuertes o productos caseros pueden aumentar la irritación. Cuando ya existe una fisura profunda o una herida abierta, se requiere una evaluación profesional”, señala la enfermera jefe de Clínica Cath.
Clínica Cath recomienda realizar duchas breves, de entre cinco y diez minutos, utilizando agua tibia en lugar de caliente.
Después del baño, la piel debe secarse con pequeños toques, evitando frotarla con fuerza. La crema hidratante debe aplicarse durante los primeros minutos, mientras la piel todavía conserva algo de humedad.
Se aconseja utilizar cremas espesas o ungüentos sin perfume. Esto, ya que suelen mantener la hidratación durante más tiempo que las lociones muy líquidas. La aplicación puede repetirse durante el día en las zonas más secas.
También es importante revisar diariamente talones, piernas, codos, manos, glúteos, pliegues y áreas que permanecen en contacto con pañales o superficies de apoyo.
La ropa debe ser suave, holgada y, de preferencia, de algodón. Las telas ásperas y la lana en contacto directo con la piel pueden aumentar el roce y la irritación.
“La hidratación debe formar parte de la rutina diaria y no comenzar cuando la piel ya se rompió. En personas con diabetes, dependencia física, problemas circulatorios o movilidad reducida, una pequeña grieta puede convertirse en una herida compleja y de difícil cicatrización”, afirma Carolina Saravia.
Las familias deben buscar atención profesional cuando aparezcan grietas profundas, sangrado, secreción, mal olor, dolor, calor local, inflamación, cambio de color o enrojecimiento que comienza a extenderse.
También se recomienda consultar cuando la picazón es intensa, interrumpe el sueño o no mejora pese al uso regular de productos hidratantes.
“El principal error es creer que la piel seca es una consecuencia inevitable de la edad. El envejecimiento vuelve la piel más vulnerable, pero las grietas, el sangrado y las infecciones no deben normalizarse. Con cuidados simples y una detección temprana es posible prevenir muchas lesiones”, concluye Carolina Saravia.
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