En el marco de esta celebración, expertos analizan cómo los consumidores están privilegiando alternativas que rescatan ingredientes del territorio.
Recetas tradicionales y experiencias que combinan nostalgia, calidad e innovación.
Durante años, el helado fue considerado un producto asociado principalmente a los meses de verano. Sin embargo, esa realidad ha cambiado.
Hoy su consumo se extiende durante todo el año y refleja una transformación más profunda en las preferencias de las personas. Quienes buscan experiencias gastronómicas que vayan más allá del sabor.
En este escenario, las variedades inspiradas en ingredientes locales y preparaciones típicas han ganado protagonismo en la industria.
El interés por productos con origen, elaboraciones artesanales y creaciones con un relato auténtico está impulsando una corriente que combina lo mejor de la tradición con la innovación.
Hoy existe un interés creciente por la calidad, la variedad y las propuestas con historia. Donde conviven sabores clásicos con alternativas más innovadoras”, explica Maite Urbina, Product Manager de Emporio La Rosa.
Aunque clásicos como chocolate, vainilla y frutilla continúan liderando las preferencias, cada vez más personas se sienten atraídas por opciones que rescatan productos del territorio.
O reinterpretan recetas que forman parte de la memoria colectiva. La nostalgia, de hecho, se ha convertido en uno de los principales motores de consumo.
Preparaciones inspiradas en postres tradicionales y gustos asociados a la infancia generan una conexión emocional. Que hoy resulta especialmente valorada por quienes disfrutan de esta categoría.
“Alternativas como miel de ulmo, inspiradas en materias primas características del territorio nacional. O preparaciones como leche asada y chilenito, que reinterpretan recetas profundamente ligadas a la cultura gastronómica chilena.
Responden a una búsqueda de autenticidad que hoy atraviesa a toda la industria. A ellas se suma chocolate araucano, que combina indulgencia y carácter local en una misma propuesta”, señala Urbina.
La ejecutiva agrega que “el éxito de una variedad ya no depende únicamente de la novedad. La combinación entre reconocimiento, calidad y diferenciación parece ser la fórmula que mejor conecta con las preferencias actuales.
En otras palabras, las personas buscan descubrir algo nuevo, pero sin perder el vínculo con aquello que les resulta familiar”.
En el Día del Helado Chileno, esta evolución refleja cómo una de las categorías más tradicionales de la gastronomía ha logrado adaptarse a nuevas expectativas.
Incorporando innovación sin renunciar a los sabores, ingredientes y preparaciones que forman parte del patrimonio culinario nacional.
Una realidad que demuestra que, en un mercado cada vez más diverso, lo local sigue ocupando un lugar privilegiado en las preferencias de los consumidores.
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