El fenómeno del Súper Niño —calentamiento severo del Pacífico central que altera el clima mundial— que ya golpeó con fuerza la zona centro-sur de Chile la semana pasada, y que por estos días podría volver a generar impactos significativos en diversas regiones. Nos recuerda la urgencia de prepararnos como país para enfrentar eventos extremos con mayor frecuencia e intensidad debido al contexto del cambio climático.
En los últimos años, Chile ha experimentado una sucesión de eventos extremos que evidencian una creciente variabilidad climática.
Prolongadas sequías. Incendios forestales de gran magnitud. Como el de 2017 que arrasó con más de 570 mil hectáreas entre las regiones de Coquimbo y Los Lagos. Olas de calor. Inundaciones y sistemas frontales particularmente intensos.
La comunidad científica ha advertido que estos episodios responden a un patrón consistente con el cambio climático. Donde los extremos se vuelven más frecuentes y severos.
Junto a medidas urgentes de corto plazo para enfrentar las emergencias. Chile debe enfrentar las causas estructurales de su alta vulnerabilidad climática. Marcada por la falta de planificación territorial que expone especialmente a comunidades más frágiles.
Esto requiere de gobernanzas locales eficaces y coordinadas. Que propicien una zonificación responsable. Además de mejoras en los sistemas de alerta temprana y la incorporación de la resiliencia en todos los instrumentos de planificación territorial.
Es por ello que, por ejemplo, resulta crítico que a nivel comunal y regional se avance en los Planes de Acción Climática y su implementación. En donde a la fecha menos de un tercio de los municipios cuentan con estos instrumentos.
En la misma línea, también resulta clave reconocer y desarrollar Soluciones Basadas en la Naturaleza. Que permiten conservar la biodiversidad y proteger servicios ecosistémicos esenciales para la vida y el bienestar humano.
La interacción entre fenómenos extremos refuerza esta urgencia. Por ejemplo, la pérdida de cobertura vegetal tras incendios forestales intensifica la erosión y la escorrentía. Generando condiciones propicias para remociones en masa.
Bosques y humedales, por tanto, son aliados estratégicos en la adaptación. Y acelerar la restauración de bosque nativo es una tarea que no debe postergarse.
En cuanto a mitigación, Colodro subraya que la acción climática no debe verse solo como respuesta ambiental, sino como una política de desarrollo. La expansión de energías renovables, la electrificación, la eficiencia energética y la protección de ecosistemas estratégicos reducen emisiones, fortalecen la resiliencia territorial y disminuyen pérdidas económicas asociadas a eventos extremos.
Al mismo tiempo, representan una oportunidad para dinamizar la economía en un país como Chile, aún dependiente de combustibles fósiles importados sobre los que no tiene control, lo que incrementa su vulnerabilidad energética.
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