Inteligencia Artificial en el aula: un aliado estratégico

0
36

Inteligencia Artificial en el aula: un aliado estratégico

Pablo Donoso García, subdirector docente del Departamento de Ingeniería Química y Bioprocesos, ex Vicerrector de Investigación, USACH

La Inteligencia Artificial (IA) ya entró en las aulas universitarias. Lo hizo sin esperar la actualización de los planes de estudio, ni la elaboración de reglamentos. Tampoco la construcción de acuerdos dentro del sistema de educación superior.

Estudiantes y académicos la utilizan para buscar y organizar información.

También redactar textos y desarrollar códigos computacionales. Además construir modelos predictivos y explorar alternativas de diseño. Sin contar con optimizar sistemas e interpretar grandes volúmenes de información. 

Ante esta realidad, limitar la discusión a permitir o prohibir su uso resulta insuficiente. La pregunta que debemos abordar es otra.

¿Cómo transformar la formación universitaria para que la IA fortalezca el aprendizaje en lugar de sustituirlo?

Está claro: la IA Generativa puede ampliar el acceso al conocimiento. También ofrecer retroalimentación inmediata y facilitar experiencias de aprendizaje. Incluso algunas que eran difíciles de imaginar hasta hace muy poco tiempo.

También puede entregar respuestas que contienen errores, omitir información relevante o presentar afirmaciones que no han sido verificadas.

Su capacidad para producir resultados plausibles es, precisamente, una de sus mayores fortalezas y uno de sus principales riesgos.

Un estudiante puede generar en segundos un informe. O el diseño preliminar de un sistema, pero ello no garantiza que el usuario comprenda los principios involucrados. Menos que reconozca los supuestos utilizados o advierta cuándo el resultado contradice. Por ejemplo, una ley física. La inmediatez puede crear la ilusión del dominio del conocimiento que solo se revela cuando es necesario aplicarlo.

Perspectiva centrada en las personas

La literatura reciente da cuenta de esta diferencia. El OECD Digital Education Outlook 2026 advierte que la IA Generativa puede mejorar el desempeño en una tarea sin producir necesariamente aprendizaje cuando su uso carece de propósitos pedagógicos claros. La tecnología puede elevar la calidad aparente del producto sin fortalecer el proceso intelectual que debe sustentarlo. En ingeniería, por ejemplo, esta distinción adquiere consecuencias concretas. Fuera del aula puede afectar la estabilidad de una estructura, la seguridad de un proceso industrial, la confiabilidad de una red eléctrica, el funcionamiento de un dispositivo médico o tener implicancias medioambientales. Quien utiliza una herramienta capaz de proponer soluciones debe comprender el problema, examinar la consistencia de la respuesta y asumir la responsabilidad por la decisión.

La formación universitaria, entonces, debe prestar mayor atención a las capacidades que no podemos delegar sin asumir riesgos; formular correctamente un problema, reconocer supuestos, evaluar incertidumbres, integrar conocimientos y decidir bajo restricciones. 

Con todo, debemos formar profesionales capaces de trabajar con la IA sin que estos le cedan el control de su razonamiento.

Es decir, profesionales que utilicen estas herramientas para ampliar sus posibilidades de creación, pero que conserven la capacidad de analizar rigurosamente y responder de manera fundamentada sus decisiones. Esta tecnología ofrece una oportunidad real para renovar y fortalecer el proceso de enseñanza-aprendizaje. Cuando se integre responsable y adecuadamente, permitirá dedicar menos tiempo a tareas rutinarias y abrir más espacio para discutir problemas complejos y diseñar sus soluciones.

Tendremos, además, que revisar la forma e instrumentos que utilizamos para medir el aprendizaje. Si una actividad puede ser resuelta íntegramente por una herramienta tecnológica a través de la reproducción de contenidos o aplicación mecánica de procedimientos, debemos reflexionar si esta actividad permite evaluar el aprendizaje que se desea alcanzar.

Evaluar en este escenario, exige restablecer la relación entre el resultado y el razonamiento que permitió alcanzarlo. Esta labor no debe quedar entregada exclusivamente a la iniciativa del cuerpo académico, debiendo ser definida a través de lineamientos que emanen desde las organizaciones educacionales.

La UNESCO ha planteado que estas tecnologías deben incorporarse desde una perspectiva centrada en las personas.

Esto, con criterios pedagógicos explícitos, resguardo ético y protección de los datos. Porque la tecnología adquiere valor educativo cuando mejora la experiencia formativa, no cuando limita a automatizar las tareas existentes.

La IA abre una oportunidad estratégica para fortalecer la formación universitaria y ampliar nuestras capacidades. Las instituciones de educación superior necesitan acordar criterios para el uso de IA, capacitar a sus comunidades, revisar planes de estudio, brindar oportunidades de acceso, implementar estrategias de protección de datos y de propiedad intelectual.

La ausencia de orientaciones o directrices institucionales no detendrá el uso de la IA, por el contrario, ampliará las brechas entre quienes sepan utilizarla y quienes no, favoreciendo prácticas menos transparentes y alimentando resistencias que aumentan sus riesgos.