Chile enfrenta un punto de inflexión histórico. Si el siglo XX se definió por la industrialización, el siglo XXI lo hace por la digitalización.
Los años 2025 y 2026 pasarán a la historia como el período en que la inteligencia artificial (IA) dejó de ser una promesa para convertirse en realidad cotidiana en el trabajo, la educación y la economía. Hoy, el desafío no es si la tecnología cambiará nuestras vidas, sino cuán preparados estamos para prosperar junto a ella.
En solo un año, el mercado laboral chileno experimentó transformaciones profundas. Herramientas de IA generativa se integraron en sectores como ventas, marketing, finanzas, atención al cliente, educación y desarrollo tecnológico.
Tareas que antes requerían horas, ahora se realizan en minutos. Esto aumenta la productividad, pero exige nuevas capacidades a trabajadores y empresas.
Este cambio ocurre en un entorno complejo. Durante 2026, la tasa de desempleo en Chile alcanzó el 9,1%, uno de los niveles más altos en años recientes.
La informalidad laboral afecta a cerca del 26% de los trabajadores. Estas cifras reflejan una realidad ineludible: la economía cambia más rápido que nuestra capacidad de adaptación.
La transformación tecnológica no debe verse solo como una amenaza. Nuestra historia demuestra que cada revolución industrial eliminó empleos, pero también generó otros nuevos. Las diferencias residen en la velocidad del cambio actual es mucho mayor.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la IA tiene el potencial de incrementar la productividad y mejorar la calidad del trabajo, siempre que las personas desarrollen las habilidades necesarias para aprovecharla.
Los datos son claros. La OCDE señala que solo el 11,7% de los adultos en Chile posee competencias avanzadas para resolver problemas en entornos tecnológicos, cifra inferior al promedio de países desarrollados.
Además, cerca del 41% de los trabajadores reconoce no contar con suficientes habilidades digitales. Esta brecha representa uno de los mayores riesgos para la competitividad del país.
En este escenario, la preparación tecnológica es una necesidad estratégica. Las habilidades más demandadas incluyen:
Paradójicamente, también aumentará el valor de las capacidades humanas, difíciles de automatizar: pensamiento crítico, creatividad, liderazgo, comunicación e inteligencia emocional.
Chile posee ventajas clave para esta transición: infraestructura digital avanzada, talento humano y un ecosistema de innovación en expansión.
No obstante, el éxito dependerá de nuestra capacidad para:
Ya no basta con estudiar una carrera para ejercerla durante décadas. El aprendizaje permanente es la nueva seguridad laboral.
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