¡Despierta! Si fuera tan fácil hacerse millonario, nadie te estaría vendiendo el curso para lograrlo

0
8

 

¡Despierta! Si fuera tan fácil hacerse millonario, nadie te estaría vendiendo el curso para lograrlo 

Por: Hernán Leal, empresario chileno, escritor y montañista, fundador y presidente ejecutivo de FASTCO Group

La historia parece repetirse una y otra vez. Cada cierto tiempo surge un nuevo “gurú” que asegura haber descubierto el camino más rápido para hacerse millonario.

Sin embargo, después de cada ola de promesas incumplidas y casos de fraude, vuelven a aparecer nuevos seguidores.

¿Por qué estos discursos siguen resultando tan atractivos, incluso cuando la evidencia demuestra que la mayoría de las veces no cumplen lo que prometen?

El mundo se ha vuelto cada vez más complejo, de eso no cabe ninguna duda. Por otra parte, la percepción de incertidumbre parece haber aumentado. Esto, aunque a mi modo de ver en la realidad, siempre ha existido incerteza. Ello, porque no tenemos control de la mayoría de las cosas que ocurren a nuestro alrededor.

Tales como el paso del tiempo o el clima. También la evolución de la economía, etc.  Entonces, en un mundo más complejo y aparentemente más incierto, es lógico que nos atraiga una salida fácil y rápida.

Trabajar poco y ganar mucho. Que tu dinero trabaje por ti o ser tu propio jefe se venden como “realismo mágico”.  Es decir, es fantástico y posible.

Claro que es posible conseguir resultados fantásticos y extraordinarios. Pero se deben cumplir una serie de condiciones antes de que ello ocurra.

Por otro lado, las redes sociales han multiplicado la presencia de influencers. Exhiben una vida de lujo como prueba de su éxito financiero.

Estos nuevos gurús tienen más herramientas para influir porque usan imágenes que muestran que su éxito es real. Autos super deportivos caros, casas a la orilla del mar caribeño, viajes en primera clase, etc.

Esto les permite persuadir con argumentos concretos y contundentes, que facilitan la toma de decisión del cliente.

Pero, despierta. ¿Cuál es la probabilidad que a ti te ocurra la magia?

El producto al que llamaré “realismo mágico” surge de una necesidad muy humana. Encontrar una solución rápida y creíble para alcanzar el éxito y la independencia económica. O lograr que “el dinero trabaje por ti”.

Desde la sociología, esto puede entenderse como una respuesta a contextos de incertidumbre económica y social. Cuando las personas perciben que el esfuerzo tradicional ya no garantiza movilidad social. Es muy probable que aumenten la disposición a creer en relatos que prometen resultados extraordinarios. Esto, mediante fórmulas simples.

El sociólogo Zygmunt Bauman planteaba que vivimos en una sociedad marcada por la incertidumbre y la búsqueda permanente de soluciones inmediatas. Mientras que Ulrich Beck sostiene que las personas, frente a un mundo cada vez más impredecible, buscan mecanismos que les devuelvan una sensación de control.

Es justamente en ese terreno donde prosperan las promesas de riqueza rápida.

También de independencia financiera instantánea o métodos supuestamente infalibles para alcanzar el éxito.

A esto se suma la llamada “cultura del éxito”. Concepto, ampliamente estudiado por sociólogos como Richard Sennett. Quien advierte que las sociedades contemporáneas valoran cada vez más los resultados visibles por sobre los procesos.

En ese contexto, el éxito deja de percibirse como consecuencia de años de trabajo. Pasa a entenderse como algo que debería conseguirse rápidamente. Ello, alimentando un mercado de cursos, mentorías e influencers que ofrecen atajos para lograrlo.

La suerte no existen: existen las probabilidades

En mi primer libro “Las montañas que llevamos dentro” establecí  un concepto que está vinculado a este tema en particular. “La suerte no existe, existen las probabilidades”.

Todos los eventos tienen una probabilidad matemática de ocurrencia.

En materia económica y financiera la rentabilidad esperada de una inversión está inversamente relacionada al nivel de riesgo que estamos dispuestos a asumir.   Es decir, si queremos algo seguro o de bajo riesgo podemos ir a un banco y tomar un depósito a plazo por el cual te pagarán una tasa de interés  anual muy baja.  La misma entidad financiera te puede ofrecer colocar tu dinero en un fondo compuesto de acciones de la bolsa de valores, con rentabilidad muy superior a la tasa fija por un depósito a plazo, pero el riesgo de la bolsa no siempre está garantizado en el corto plazo porque la bolsa de valores es mucho más riesgosa  que un bono soberano.

Entonces ¿cómo podemos desarrollar un criterio financiero que nos permita distinguir entre una oportunidad de inversión seria y un negocio cuyo verdadero objetivo es vendernos la ilusión de enriquecerse rápidamente?   Además, nos debemos preguntar ¿cómo determinar si la fuente que promete la magia es de confianza?.   Por último, ¿cuál es la probabilidad de que ocurra lo que me prometen?

Para responder la primera pregunta, hay que entender que cada uno de nosotros tiene una posición distinta frente al riesgo. La economía conductual ha demostrado que existen personas más propensas a asumir riesgos y otras más adversas, y esa disposición influye directamente en las decisiones de inversión. Sin embargo, cuando la promesa de rentabilidad es extraordinaria, incluso quienes normalmente son cautos pueden bajar la guardia si creen que encontraron “la oportunidad de su vida”. Es precisamente ahí donde entran en juego los sesgos cognitivos y las emociones.

Yo sugiero estudiar muy bien al gurú antes de creer en sus promesas.

Desde la sociología y la psicología social, una referencia útil es el concepto de autoridad carismática desarrollado por Max Weber. Weber explica que existen líderes cuya influencia no proviene de credenciales objetivas, sino de su capacidad para proyectar una imagen de éxito, seguridad y cualidades excepcionales que despiertan admiración y confianza.

En la actualidad, muchos gurús financieros construyen precisamente ese tipo de autoridad: exhiben un estilo de vida aspiracional, muestran supuestos casos de éxito, utilizan testimonios de seguidores y un discurso de aparente certeza para reforzar su credibilidad. El problema es que el carisma no constituye evidencia de conocimientos ni garantiza que las promesas sean reales.

La última de las tres preguntas implica hacer cálculos. ¿Cuáles son los posibles resultados esperados? ¿Cuántos son los casos favorables versus los que no logran un buen resultado? Por cierto, las promesas de los gurús se cumplen en algunos casos, y esos son precisamente los que utilizan como testimonios o historias de éxito. Sin embargo, un buen análisis exige mirar la distribución completa de los resultados y no solo los ejemplos más llamativos.

En estadística esto se conoce como sesgo de supervivencia.

Tendemos a observar únicamente a quienes tuvieron éxito, mientras permanecen invisibles cientos o miles de personas que obtuvieron resultados mediocres o simplemente perdieron su dinero. Nuestra misión, entonces, es tratar de estimar —o al menos intuir— cuál es la verdadera probabilidad de éxito antes de invertir.

Aunque es difícil conocer la tasa de éxito de quienes siguen a gurús financieros o compran sus mentorías, la evidencia disponible en actividades similares entrega una señal clara. Estudios académicos sobre inversionistas que realizan trading activo muestran que sólo una fracción muy pequeña obtiene ganancias consistentes en el largo plazo. Una investigación publicada en el Journal of Financial Markets concluyó que menos del 1% de los operadores logra generar rendimientos positivos de forma predecible y sostenida. Otra investigación liderada por Barber, Lee, Liu, Odean y Zhang (2019), Learning Fast or Slow?, publicado en Review of Asset Pricing Studies  encontró que alrededor del 97% de los traders termina perdiendo dinero de manera consistente

Me parece pertinente que, antes de confiar en cualquier gurú, conviene hacerse preguntas simples: ¿Su patrimonio o experiencia pueden verificarse? ¿Explica con transparencia los riesgos o solo habla de ganancias? ¿Entrega evidencia independiente de sus resultados? ¿Obtiene la mayor parte de sus ingresos invirtiendo o vendiendo cursos? Cuando las respuestas son difusas y predominan el relato, la urgencia por comprar y las promesas de riqueza rápida, probablemente estamos frente a un excelente vendedor, no necesariamente frente a un buen inversionista.

Para más información:

www.fastcogroup.com

LinkedIn: @Fastco

www.hernanleal.com

Instagram: @hernanleal_hl

LinkedIn: @Fastco Group