Experto explica por qué no basta con la promesa de la etiqueta al elegir un suplemento nutricional.
En el marco del cuidado de la salud cardiovascular, el consumo de ácidos grasos esenciales Omega-3 se ha consolidado como un hábito clave.
Sin embargo, al buscar en decenas de productos en el mercado, la mayoría afirma tener “máxima pureza”, “alta concentración”. Algo que el consumidor pocas veces puede comprobar.
Hoy existe una marcada diferencia entre lo que declara un envase y lo que realmente contiene una cápsula.
Para dar certeza a los consumidores, laboratorios de alto estándar someten sus productos a la certificación IFOS (International Fish Oil Standards). Es el programa de auditoría de aceite de pescado más importante a nivel mundial.
El sello IFOS es una auditoría independiente que certifica que un aceite de pescado cumple lo que promete.
Toma en consideración 4 aspectos: que la concentración de EPA+DHA es exactamente la que declara la etiqueta. También considera oxidación baja y ausencia de metales pesados, PCBs y dioxinas.
También se mide si el aceite está fresco o enranciado. Esto busca comprobar que el producto llegue al consumidor protegido del aire y la luz, sin haberse degradado.
La tercera categoría es de contaminantes ambientales. Los PCBs y las dioxinas se acumulan en las fuentes marinas. En exposición prolongada, se han relacionado con alteraciones inmunitarias, endocrinas y del sistema nervioso.
Para superar la prueba, un lote debe quedar muy por debajo de los estándares establecidos.
Estos perjudican seriamente la salud. Por ejemplo, el mercurio ataca al sistema nervioso, el plomo puede causar daño cerebral.
El arsénico es tóxico a dosis altas y el cadmio se acumula en riñones y pulmones.
Para pasar la prueba, cada uno tiene su límite: mercurio, cadmio y arsénico total por debajo de 0,1 ppm (partes por millón).
El plomo debe estar por debajo de 0,05 ppm, la mitad que los otros tres.
El Dr. Miguel Copaja, Director Técnico y Chief Science Officer de Newscience, destaca que IFOS opera como una entidad de análisis completamente independiente.
“Las personas que realizan los análisis no tienen relación alguna con la empresa que envía el producto. Se trata de laboratorios acreditados que entregan un reporte público lote por lote, evaluando potencia, estabilidad y contaminantes”, señala.
La paradoja es que al comprar suplementos bajamos la guardia y asumimos que cualquier frasco es igual. La realidad es que un Omega-3 sin certificación puede ser solo aceite de relleno.
Cuando sacas la cuenta de cuánto pagas por la dosis real de EPA y DHA concentrado, un producto certificado IFOS 5 estrellas termina siendo mucho más eficiente y conveniente.
Si vas a invertir en tu salud cardiovascular, exígele a tu suplemento la misma calidad y trazabilidad que le exiges a tus alimentos.”, Enfatizó Copaja.
Para comprobar que el producto si cumple con lo que dice en el envase, basta con ingresar el directorio oficial de IFOS.
Busca la marca o la empresa fabricante y confirma que tu producto aparece listado, a ser posible por su número de lote.
Si no está, el sello del bote no garantiza nada.
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