Durante casi dos siglos, las ecuaciones de Navier-Stokes han sido fundamentales para comprender el movimiento de los fluidos. Contienen, a la vez, uno de los grandes problemas abiertos de la matemática.
A comienzos de septiembre, un sistema de inteligencia artificial participó decisivamente en la generación y verificación formal de una propuesta de solución. Precisamente, al problema de existencia y regularidad.
Mientras la propuesta se somete al necesario escrutinio de la comunidad científica, el proceso que condujo a ella revela una transformación de mayor alcance.
La expansión de estas fronteras eleva las exigencias. Paralelamente, sobre la formación necesaria para comprender y utilizar ese conocimiento.
Esta exigencia contrasta con los resultados de PISA 2025. En Chile, el 59% de los estudiantes de 15 años no alcanza el nivel básico de competencia matemática. Esto, frente a un 35% promedio en los países de la OCDE. Mientras un 38% tampoco alcanza el nivel básico en comprensión lectora.
La sofisticación de las herramientas disponibles no reduce la importancia de una formación fundamental sólida. Oor el contrario, la vuelve más determinante. Participar de las transformaciones tecnológicas exige comprender sus fundamentos. También integrar conocimiento, evaluar e interpretar información. Además de reflexionar críticamente y aplicar ese conocimiento. Esto, frente a problemas que difícilmente pueden abordarse desde una sola disciplina.
Esta integración comienza a observarse en desarrollos tecnológicos. Los que buscan responder simultáneamente a desafíos antes abordados por separado. Una nueva generación de baterías de agua de mar explora la posibilidad de combinar almacenamiento energético con desalación, captura de carbono y recuperación de recursos.
Concebir soluciones a partir de la interacción entre sistemas y no únicamente desde la optimización de cada uno de sus componentes.
Para Chile, donde convergen recursos renovables, una extensa costa, actividad minera y estrés hídrico, esta lógica de integración abre oportunidades relevantes para la investigación, la innovación y el desarrollo tecnológico.
Participar activamente de estas transformaciones requiere un ecosistema capaz de generar conocimiento, potenciar el talento y crear las condiciones para que nuevas ideas se conviertan en soluciones.
Este escenario representa una oportunidad para articular educación, investigación e innovación con los desafíos del entorno productivo y social. Aprovechar esa oportunidad permitiría fortalecer nuestra capacidad para desarrollar soluciones pertinentes, agregar conocimiento a las actividades productivas y abordar desafíos estratégicos según las necesidades del país.
Las fronteras del conocimiento seguirán expandiéndose y la velocidad de ese cambio probablemente continuará en aumento. Nuestra posición frente a ese futuro se define desde hoy: en la formación que ofrecemos, en el talento que logramos potenciar y en las condiciones que generamos para convertir conocimiento en respuestas a los desafíos de nuestro tiempo. Convertir el conocimiento en bienestar para la sociedad es la decisión que nos permitirá avanzar de lo posible al desarrollo.
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