El lado B del Merlot: tres platos cotidianos que no imaginabas acompañar con una copa de tinto

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Merlot
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En el Día Internacional del Merlot, que se celebra cada 7 de noviembre, los enólogos de Viña Cono Sur explican por qué tres platos cotidianos merecen una segunda mirada.
Las carnes rojas y los asados no son los únicos acompañamientos posibles para una copa de tinto. La intensidad de una salsa o los sabores que desarrolla una preparación al horno pueden abrir combinaciones inesperadas.
Santiago, noviembre de 2026. A la hora de elegir un vino, las recomendaciones suelen partir por una pregunta: ¿qué vamos a comer? La respuesta puede llegar demasiado rápido si solo nos fijamos en si el plato lleva carne. Una salsa, una cocción lenta o el calor del horno pueden cambiar por completo la intensidad de una receta. Y, con ella, el vino que mejor la acompaña.
El Merlot, una cepa tinta originaria de Francia, suele reconocerse por su suavidad y carácter frutal. Pero esas características también permiten mirar más allá de sus acompañamientos habituales. Así, es posible explorar una relación menos evidente con preparaciones que forman parte de nuestra cocina cotidiana.
Para Carol Koch, enóloga de Viña Cono Sur, la clave está en entender cómo se construyen los sabores. La enóloga toma como referencia Bicicleta Merlot, de perfil frutal y acidez equilibrada. Así explica por qué algunas combinaciones pueden resultar más interesantes de lo que parecen a primera vista.
“Muchas veces pensamos el maridaje a partir de la proteína, pero es igual de importante prestar atención a lo que la acompaña. Las salsas, los condimentos y la forma de cocción pueden cambiar por completo el sabor de un plato. Una verdura asada, por ejemplo, puede tener más intensidad que una carne preparada de manera sencilla. Por eso, el Merlot permite explorar combinaciones que no siempre resultan evidentes”, explica.

Desde esa mirada, hay tres preparaciones que vale la pena considerar:

1. Pizza de champiñones: Los hongos aportan notas terrosas y una profundidad de sabor. Esta puede encontrar un contrapunto interesante en el carácter frutal del vino, especialmente si la salsa no domina la preparación.

2. Guiso de lentejas: El sofrito, las verduras y el tiempo de cocción desarrollan sabores más intensos. Estos pueden complementarse con la acidez del tinto, sin necesidad de incorporar carne.

3. Verduras asadas: Berenjenas, zapallos o zanahorias adquieren nuevos matices al pasar por el horno. Allí, el calor concentra sus sabores y desarrolla notas dulces y tostadas que abren otras posibilidades para acompañarlas con vino.

Más que reemplazar las combinaciones tradicionales, estas propuestas invitan a prestar atención a lo que ocurre dentro de cada receta. También permiten entender que la elección del vino puede comenzar por esos detalles.

Quizás ahí esté el lado menos conocido del Merlot: en la posibilidad de encontrar nuevas afinidades con platos que llevamos años preparando, pero que pocas veces imaginamos acompañados de una copa de tinto.