El auge del trabajo remoto ha traído una nueva generación de profesionales: los nómades digitales. Estos trabajadores, liberados de la obligación de vivir en grandes ciudades, han encontrado en el sur de Chile un espacio ideal. Con la llegada del internet satelital, una de las principales barreras ha sido derribada, la conectividad, lo que llevó a una tendencia que parece no detenerse: la compra de parcelas en zonas rurales como alternativa de estilo de vida.
No se puede negar que el sur del país ofrece ventajas para estas personas. Paisajes impresionantes, aire puro y una calidad de vida envidiable contrastan con el estrés y el ritmo acelerado de las ciudades. Sin embargo, este fenómeno también plantea interrogantes cruciales: ¿estamos preparados para recibir una creciente comunidad de nómades digitales sin afectar el entorno natural? ¿Cómo podemos garantizar que este “éxito urbano” no genere un impacto ambiental sin retorno?
El riesgo de la sobreexplotación es real. La creciente demanda por parcelas podría derivar en una urbanización desordenada, deforestación y un consumo de recursos naturales que alteran los ecosistemas locales. Ya hemos visto casos en los que la falta de regulaciones ha llevado a la parcelación indiscriminada de terrenos, afectando la biodiversidad y generando problemas de abastecimiento de agua y saneamiento.
Otro punto a considerar es el tejido social de las comunidades rurales. La llegada masiva de nuevos residentes con un poder adquisitivo superior al de la población local puede provocar el encarecimiento del suelo y la gentrificación de las zonas rurales, desplazando a quienes han vivido allí por generaciones. ¿Es este un desarrollo verdaderamente inclusivo o solo una nueva versión del desplazamiento urbano?
Si bien el modelo de los nómades digitales es una oportunidad para descentralizar el país y promover nuevas economías locales, es fundamental que este crecimiento se realice de manera sostenible. Las autoridades deben establecer regulaciones claras sobre el uso del suelo, incentivar la infraestructura ecológica y fomentar una convivencia armónica entre los nuevos residentes y las comunidades rurales.
El sur de Chile tiene el potencial de convertirse en un referente mundial para el trabajo remoto, pero para ello es necesario un desarrollo planificado. La conectividad ya no es un obstáculo, sin embargo, la sustentabilidad debe ser una prioridad. De lo contrario, podría suceder que, en el afán de escapar de la ciudad, terminemos por trasladarla a los últimos rincones naturales del país.
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