El 2026 no pondrá a prueba la capacidad tecnológica de las organizaciones. Sino la solidez de sus culturas y la madurez de sus liderazgos.
En un contexto marcado por
OLIVIA devela las claves para la evolución de la cultura organizacional en 2026
El 2026 no pondrá a prueba la capacidad tecnológica de las organizaciones, sino la solidez de sus culturas y la madurez de sus liderazgos. En un contexto marcado por cambios sociales, demográficos, políticos y laborales cada vez más profundos, el desafío para los líderes corporativos ya no es adaptarse ocasionalmente. Es hacerlo de forma estratégica y sostenida.
De acuerdo con Marcelo Blechman, socio de OLIVIA, los líderes deben dejar de ver estos cambios como amenazas a la estabilidad. Deben comenzar a comprenderlos como una hoja de ruta para la evolución cultural de las organizaciones.
En este escenario, la transformación cultural se vuelve un imperativo.
“Estamos frente a presiones que no son solo tecnológicas, sino profundamente humanas. Y eso exige liderazgos capaces de aceptar la adaptación como parte natural del negocio. No como una excepción”, agrega el especialista.
El primero es apoyarse en la evidencia. “La intuición ya no basta. Así como los países utilizan datos demográficos para diseñar políticas públicas, las organizaciones deben apoyarse en People Analytics para medir la presión cultural. Índices de rotación, demanda de flexibilidad, compromiso y expectativas del talento. Decidir sin datos hoy aumenta el riesgo”, señala.
“La tecnología es un acelerador de lo que ya existe. El verdadero diferencial sigue siendo la capacidad del líder para interpretar el contexto, validar la información y elegir la adaptación correcta”, enfatiza.
Finalmente, el socio de OLIVIA advierte que la cultura debe abordarse desde la estrategia. “Diversidad, agilidad y adaptación no pueden ser respuestas automáticas al entorno. Deben formar parte de una estrategia clara orientada a la generación de valor. La estrategia no puede ser solo una consecuencia del contexto”, subraya.
En ese sentido, concluye: “El futuro de las organizaciones residirá en la capacidad de sus líderes para gestionar la incertidumbre y liderar de manera proactiva la adaptación cultural de sus empresas. En 2026, la cultura dejará de ser un atributo deseable para convertirse en un factor decisivo de competitividad”.
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