Por Manuel Maneiro, CEO de RentaDays.
Durante años repetimos la misma idea. La renta corta en Santiago dependía del verano, de las vacaciones o de uno que otro peak turístico. Una lógica heredada de otra época. Cuando viajar era más predecible y la ciudad se movía al ritmo de temporadas altas y bajas bastante claras. Hoy, esa lectura quedó vieja.
La capital está viviendo otra dinámica. Y no es una percepción. Es algo que se ve en la operación diaria del mercado de arriendos temporales. En RentaDays lo hemos comprobado con datos y con experiencia en terreno. La ocupación se mantiene activa durante todo el año. Empujada por un perfil de huésped mucho más diverso, móvil y difícil de encasillar.
Santiago ya no recibe únicamente visitantes que vienen “a conocer la ciudad”. Recibe personas que vienen a trabajar por semanas. A cerrar negocios por días. A asistir a un concierto un fin de semana o a competir en un torneo deportivo.
Y todos ellos necesitan algo distinto a un hotel tradicional. Espacios flexibles, bien ubicados. Con autonomía y con la posibilidad de adaptarse a estadías cortas o medianas sin fricciones.
Uno de los grupos más visibles de esta transformación son los nómadas digitales. Profesionales que trabajan de forma remota, que pueden pasar un mes en Santiago. Luego otro en Lima o Buenos Aires. Y que eligen sus destinos tanto por calidad de vida como por conectividad.
Este segmento dejó de ser una rareza para convertirse en un flujo constante. No viajan por temporada. Viajan cuando su trabajo se los permite. Y eso, para el mercado inmobiliario de renta corta. Cambia completamente las reglas del juego.
Personas que vienen dos o tres noches, que quieren estar cerca del Estadio Nacional, del Movistar Arena o del Parque Bicentenario. Y que priorizan ubicación, comodidad y flexibilidad por sobre los servicios tradicionales de la hotelería.
Hay también un flujo menos visible, pero igual de relevante. Comerciantes y emprendedores que llegan por uno o dos días a abastecerse, cerrar acuerdos o hacer gestiones. Viajes cortos, repetidos varias veces al mes, con una lógica muy práctica. Para ellos, la renta corta no es un lujo. Es una herramienta de trabajo.
Y lo mismo ocurre con el mundo deportivo y recreativo. Fines de semana llenos de competencias, torneos, corridas, campeonatos o encuentros que atraen a grupos pequeños, familias o equipos. Nuevamente, el patrón se repite. Buscan independencia, seguridad y costos razonables, más que una experiencia hotelera clásica.
Todo esto dibuja una conclusión incómoda para quienes siguen mirando este mercado con lentes antiguos. La renta corta en Santiago dejó de ser un fenómeno estacional. Hoy es parte estructural de cómo la ciudad funciona. Se mueve y se conecta con el resto del país y la región.
Para la ciudad, el desafío es aún mayor. Esta nueva movilidad —laboral, cultural y comercial—. Obliga a repensar cómo convivimos con estos modelos. Cómo se regulan. Cómo se integran a los barrios. Y cómo se asegura que aporten valor sin generar tensiones innecesarias.
Santiago no es solo un destino. Es un nodo. Un punto de encuentro para trabajo, espectáculos, negocios y deporte. Y eso se refleja, inevitablemente, en cómo se arrienda, quién arrienda y por cuánto tiempo.
La pregunta ya no es si la renta corta llegó para quedarse. La verdadera pregunta es si estamos entendiendo lo suficientemente rápido la ciudad que ya somos.
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