La recuperación académica sigue siendo desigual y las competencias digitales y emocionales son hoy tan determinantes como los contenidos.
Quienes este año enfrentarán los procesos de selección para ingresar a la educación superior no lo harán en las mismas condiciones que las generaciones de hace diez o veinte años.
La pandemia —cuyos efectos educativos aún persisten—. Interrumpió etapas clave de formación. Afectando la consolidación de contenidos. Los hábitos de estudio y la autonomía académica en años decisivos para su preparación.
A nivel global, un estudio del Centro Brown para Política Educativa de la Brookings Institution. Advirtió que, cinco años después del cierre de las aulas, la recuperación es incompleta. Los resultados en lectura permanecían estancados y en matemáticas solo se observaban avances parciales.
En sistemas educativos de alto desarrollo como Estados Unidos. Evaluaciones nacionales recientes (NAEP) mostraron que apenas alrededor del 35% de los estudiantes de último año alcanzaba niveles de lectura acordes con la educación superior. Una proporción inferior a la registrada antes de la pandemia.
En Chile, investigaciones de la Universidad de Chile han señalado que la brecha digital estructural —tanto en acceso como en uso efectivo de conectividad y dispositivos—. Continuó impactando el aprendizaje durante el cierre de escuelas. Evidenciando que el retorno a la presencialidad no bastó para equiparar oportunidades.
En este escenario, aunque las clases presenciales se retomaron hace tiempo, las desigualdades no se disiparon.
“La pandemia no solo interrumpió contenidos. También afectó la seguridad académica de muchos estudiantes. Hoy esas brechas se reflejan en los resultados. Pero es clave entender que un puntaje no define capacidades ni proyecta el futuro. Es una medición puntual dentro de una trayectoria mucho más amplia”. Detalla.
Uno de los elementos menos visibles, pero más determinantes, es la inclusión digital. Si bien durante la pandemia gran parte del aprendizaje migró aceleradamente a entornos virtuales. Esa transformación no fue sinónimo de igualdad de oportunidades.
No todos los jóvenes desarrollaron las mismas habilidades para estudiar en plataformas digitales. Utilizar recursos tecnológicos o gestionar información de manera eficiente.
Estas competencias son fundamentales tanto para preparar la PAES como para adaptarse a la educación superior. En ese sentido, Carolina Rojas enfatiza que cerrar esta brecha va más allá de garantizar dispositivos o conexión.
Para quienes rendirán la PAES, la recomendación es diversificar los métodos de estudio —idealmente con acompañamiento profesional—. Y trabajar también el componente emocional.
“Preparar la PAES no consiste únicamente en ejercitar preguntas. Es un proceso que incluye evaluar el punto de partida, nivelar contenidos, desarrollar estrategias de resolución, administrar tiempos y simular condiciones reales de examen. A eso se suma el trabajo interior. Aprender a manejar la ansiedad, sostener la motivación y construir una mentalidad de progreso”. Explica.
“Un estudiante puede concentrarse en una prueba para la rendición de Invierno. Preparar otra para fin de año o rendir ambas y luego elegir su mejor resultado. Eso reduce la presión, siempre que exista planificación”. Detalla la especialista.
“Hoy puede ser un apoyo concreto para nivelar contenidos y organizar mejor la preparación. Pero no es automática ni neutral. Requiere acompañamiento y desarrollo de habilidades. La verdadera equidad no está solo en rendir la prueba. Sino en que todos cuenten con las herramientas necesarias para prepararla en igualdad de condiciones”.
Identificar con precisión el punto de partida en comprensión lectora y razonamiento matemático permite focalizar el esfuerzo en las áreas más débiles y evitar una preparación dispersa.
Antes de entrenar con ensayos, es fundamental reforzar bases conceptuales que pudieron quedar incompletas durante los años de educación remota.
No basta con tener acceso a plataformas. Es clave aprender a usar entornos virtuales de forma estratégica. Organizar materiales, gestionar tiempos, evaluar fuentes y practicar en simuladores digitales.
Planificación semanal, metas medibles y seguimiento constante ayudan a recuperar hábitos de estudio afectados por la interrupción escolar.
La ansiedad y la inseguridad impactan directamente en el rendimiento. Simular condiciones reales de examen y aprender técnicas de regulación emocional reduce la presión.
Aprovechar opciones como la PAES de Invierno permite distribuir cargas, focalizar asignaturas y disminuir la sensación de “todo o nada”.
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