Nueva ley de protección de datos empuja a las empresas a invertir millones en tecnología
La inminente entrada en vigor de la nueva Ley de Protección de Datos Personales está marcando un punto de inflexión para las empresas que operan en Chile.
Más allá de ajustes normativos o cambios contractuales, la regulación está impulsando una revisión profunda de las plataformas tecnológicas. De los modelos de operación y la forma en que las organizaciones entienden la gestión de datos personales. Ello, en un contexto donde la fiscalización, la trazabilidad y la capacidad de respuesta serán cada vez más exigentes.
Según explica Cristina Fritz, cofundadora de Digital Exp, Enterprise Technology especializada en transformación digital de grandes empresas, la privacidad deja de ser un conjunto de lineamientos aplicados a posteriori y pasa a convertirse en un eje estructural de los sistemas digitales.
“La nueva ley obliga a diseñar plataformas donde la privacidad sea el estándar operativo. Ya no basta con adaptar sistemas existentes. Es necesario repensar cómo se capturan, procesan y almacenan los datos personales desde su origen”, señala.
Las empresas deberán avanzar hacia modelos que prioricen la minimización de datos. Para recolectar únicamente la información estrictamente necesaria para cumplir una finalidad legítima. A ello se suma la adopción de cifrado integral. También controles de acceso basados en el principio de mínimo privilegio. Además de mecanismos de auditoría que permitan rastrear cada interacción con datos personales. Arquitecturas modulares y segmentadas, capaces de aislar incidentes y reducir superficies de ataque se consolidarán como un estándar técnico en un escenario de creciente exposición a riesgos.
“El cumplimiento no puede recaer en un solo equipo. El negocio debe definir el propósito y la proporcionalidad del uso de datos. TI debe traducir esas definiciones en sistemas con privacidad incorporada. Mientras que seguridad debe garantizar que los controles funcionen frente a amenazas reales”, explica Cristina Fritz, cofundadora de Digital Exp, Enterprise Technology especializada en transformación digital de grandes empresas.
A medida que los ecosistemas digitales crecen y los datos se distribuyen entre múltiples plataformas y proveedores cloud, las herramientas de data governance y data mapping pasan de ser una buena práctica a un requisito operativo.
Mantener visibilidad sobre qué datos personales existen y dónde se almacenan. Quién accede a ellos y con qué finalidad es clave tanto para cumplir la ley como para responder ante eventuales fiscalizaciones.
La automatización también se posiciona como un factor decisivo. La ley refuerza los derechos de los titulares. Establece plazos claros para responder solicitudes de acceso, rectificación, cancelación u oposición.
Para muchas empresas, cumplir estos tiempos de forma manual resulta inviable. Por ello, se observa una adopción creciente de portales de autoservicio. También de motores de workflow automatizado y plataformas de gestión de identidades. Permiten validar solicitudes, distribuir tareas y mantener trazabilidad completa.
En paralelo, el fortalecimiento de la ciberseguridad se consolida como uno de los ejes más críticos del cumplimiento. La nueva Ley de Protección de Datos eleva las expectativas sobre la capacidad de las empresas para prevenir brechas, detectar incidentes de forma temprana y responder oportunamente.
Tecnologías como sistemas de detección, respuesta y monitoreo continuo. También prevención de pérdida de datos y gestión centralizada de eventos de seguridad se vuelven parte del núcleo tecnológico exigido.
“Hoy no se trata solo de evitar incidentes. Sino de poder demostrar que existen controles activos, monitoreo permanente y capacidad de respuesta ante cualquier evento”, sostiene la experta.
Otro aspecto central es la generación de evidencia técnica verificable. Frente a un escenario de fiscalización más riguroso, las empresas deberán demostrar objetivamente cómo protegen los datos personales.
Registros de acceso y bitácoras inalterables. También repositorios de consentimientos y sistemas de documentación automatizada permiten acreditar cumplimiento y trazabilidad.
El avance de Chile hacia un marco regulatorio más exigente en protección de datos no solo representa un desafío. Es también una oportunidad estratégica.
“Las organizaciones que entiendan esta ley como un proyecto de transformación digital, y no solo como una obligación legal, estarán mejor preparadas para competir en una economía donde la confianza será un activo clave”, dice Cristina Fritz.
“Las empresas pueden reducir costos priorizando soluciones modulares y escalables. Pueden reutilizar plataformas existentes cuando sea posible, y adoptando tecnologías en la nube con modelos de pago por uso. También es clave automatizar procesos repetitivos y centralizar la gobernanza de datos para evitar duplicidades. Con una planificación estratégica y una mirada integral, es posible cumplir con la ley. También fortalecer la infraestructura digital sin inflar el presupuesto innecesariamente”, señala la experta.
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