Queda poco para un nuevo inicio del año escolar y la preparación para un retorno a clases exitoso no sólo implica comprar útiles y uniformes. También es un proceso emocional, académico y organizacional. Puede marcar la diferencia en cómo los estudiantes, sus padres y apoderados, y toda la comunidad escolar, enfrentarán los próximos meses.
Anticiparse y generar rutinas claras permite disminuir la ansiedad. Así se puede transformar marzo en una oportunidad para comenzar el año con seguridad y bienestar.
A raíz de esto, Santillana Chile presenta una guía práctica. Desarrollada para preparar el retorno desde tres miradas. Estudiantes, apoderados y docentes.
· Organización anticipada para reducir el estrés. La preparación comienza varios días antes del primer timbre. Revisar las listas de útiles con tiempo, priorizar lo esencial y dejar mochilas y uniformes listos evita tensiones de última hora.
· Establecer rutinas. Retomar gradualmente las rutinas de sueño al menos una semana antes del inicio de clases es clave para que el cuerpo y la mente se adapten al nuevo ritmo. Asimismo, ordenar horarios de transporte, alimentación y actividades extracurriculares de los y las estudiantes, permite comenzar el año con mayor estabilidad.
· Preparación emocional. El regreso a clases puede generar entusiasmo, pero también inseguridades, especialmente en cambios de ciclo o de colegio. Conversar sobre expectativas, miedos y metas ayuda a que niños y adolescentes se sientan acompañados.
· Confianza académica. El comienzo del año es una oportunidad para fortalecer la confianza en el aprendizaje. Revisar contenidos del año anterior sin presionar, tratar de establecer un espacio fijo de estudio en el hogar y promover la autonomía progresiva según la edad, son medidas que pueden tomarse antes del inicio del nuevo ciclo académico. Más que enfocarse exclusivamente en las notas, es recomendable reforzar el valor del esfuerzo, la constancia y el progreso personal.
Marzo suele ser un mes de alta exigencia para las familias, por lo que esta guía puede ayudar a calmar la ansiedad de este periodo.
· Acompañar sin sobre exigir. Generar rutinas claras en el hogar brinda seguridad. Mantener una comunicación fluida con el colegio y con los docentes facilita detectar a tiempo posibles dificultades de adaptación.
· Incentivar hábitos saludables. Una alimentación equilibrada, actividad física y regulación del uso de pantallas, también impacta positivamente en el rendimiento y el bienestar emocional.
· Generar un acompañamiento efectivo. Esto implica no sobrecargar ni presionar, sino establecer metas realistas y celebrar los avances progresivos.
Para los profesores, el inicio del año escolar es una etapa estratégica. Lo que ocurra en las primeras semanas influye directamente en el clima de aula, la motivación y el aprendizaje durante todo el año.
· Antes de que lleguen los estudiantes. Es clave revisar antecedentes académicos y socioemocionales del curso; analizar resultados previos permite anticipar brechas y planificar apoyos oportunos. Las primeras semanas no deberían centrarse únicamente en avanzar contenidos por lo que es recomendable priorizar la instalación de rutinas, la construcción de normas claras y la aplicación de diagnósticos iniciales.
· Organizar el regreso al aula. Definir objetivos realistas para el primer mes y coordinarse con el equipo directivo ayuda a disminuir la sobrecarga habitual de marzo.
· Acompañar a los estudiantes. Los educandos no son iguales dependiendo de los ciclos de enseñanza, por ejemplo, en los primeros ciclos básicos hay prioridad en la seguridad emocional; los niños necesitan sentirse acogidos y saber qué esperar. Mientras que, en enseñanza básica de segundo ciclo y media, el retorno está fuertemente ligado a procesos emocionales y sociales, donde los adolescentes valoran sentirse escuchados, abriendo espacios para conversar sobre expectativas del año lo que fortalece el vínculo y el compromiso; Además, construir acuerdos de convivencia en conjunto genera mayor adhesión que imponer las reglas que tendrá el aula durante el periodo académico.
Incorporar diagnósticos tempranos permite identificar brechas de aprendizaje. Y así planificar apoyos oportunos y hoy la tecnología cumple un rol clave en este proceso. Contar con herramientas que permitan obtener información clara sobre los niveles de desempeño facilita una toma de decisiones pedagógicas basada en evidencia. Sin diagnóstico inicial, resulta más difícil detectar brechas y acompañar adecuadamente el progreso individual.
El proyecto Compartir de Santillana Chile se presenta como un apoyo para la comunidad escolar. Permite a los docentes y establecimientos conocer cómo están partiendo sus estudiantes el año académico. Esto facilita el seguimiento y la planificación desde las primeras semanas.
Para apoyar esta transición, el ecosistema contempla un período de gracia hasta el 15 de abril. Esto permite a los colegios contar con información diagnóstica oportuna al inicio del año escolar.
Es importante enfatizar que el adquirir el proyecto completo y original, permite a las comunidades acceder a un amplio abanico de soluciones y contenidos. Con ello llevan la gestión educativa del establecimiento a un nuevo nivel.
Lo hace detectando las fortalezas del proyecto educativo. También aplicando las mejoras que permitirán alcanzar el máximo de sus potencialidades. Todo, estando a la vanguardia de los procesos de enseñanza.
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