En un contexto marcado por extensas jornadas laborales, altos niveles de estrés y uso intensivo de dispositivos electrónicos. Dormir bien se ha convertido en un desafío para miles de personas en el país. No es un lujo. Sino una necesidad biológica clave para la salud física y mental. Sin embargo, el estudio global “Calidad del sueño en Chile y el Mundo” (2025) advierte que solo el 44% de los chilenos declara descansar bien con frecuencia.
Cada 13 de marzo se conmemora el Día Mundial del Sueño, una fecha que busca visibilizar la importancia de un descanso adecuado y promover hábitos que contribuyan a mejorar la calidad de vida.
La evidencia científica ha demostrado que dormir bien no solo optimiza el rendimiento diario. Sino que también fortalece el sistema inmunológico, regula el estado de ánimo y ayuda a prevenir enfermedades crónicas.
El sondeo “Calidad del sueño en Chile y el Mundo”. Realizado en 39 países durante enero de 2025. Posicionó a Chile en el penúltimo lugar del ranking global y como el país con peor calidad de sueño dentro de la región.
Un 18% de los chilenos afirma que nunca logra dormir bien, cifra superior al promedio global (13%). Además, el 47% reconoce quedarse despierto hasta tarde usando el teléfono o el computador. Casi 20 puntos por encima del promedio mundial.
Para José Ignacio Marmolejo, Kinesiólogo experto en medicina del sueño de Kinegun. La falta de sueño tiene consecuencias que muchas veces se subestiman. “El sueño es el principal proceso de recuperación del cuerpo. Durante la noche se regulan procesos hormonales, se reparan tejidos y se consolida la memoria. Cuando el descanso es insuficiente o fragmentado, todo el organismo lo resiente”. Explica.
El especialista agrega que “no se trata solo de cantidad de horas. Sino de calidad. Una persona puede dormir ocho horas. Pero si no alcanza fases profundas de sueño, el descanso no será realmente reparador”.
Además, advierte que el uso excesivo de pantallas antes de dormir altera los ciclos naturales: “La exposición a luz azul en la noche interfiere con la producción de melatonina. Lo que retrasa la conciliación y afecta la profundidad del descanso”.
En este escenario, la tecnología también puede transformarse en una herramienta de apoyo. Dispositivos aplicados al bienestar y la salud. Buscan complementar hábitos saludables mediante el monitoreo y la estimulación del descanso.
Zleep, por ejemplo, utiliza estimulación eléctrica transcraneal no invasiva (CES) para favorecer la conciliación del sueño y contribuir a un descanso más profundo. Es un dispositivo fácil de usar que genera microcorrientes para estimular el cerebro y ayudar a regular las ondas cerebrales asociadas al estrés.
Por su parte, Omni Ring y Omni Band permiten realizar un seguimiento continuo de la calidad del sueño. Entregando información detallada sobre las fases del sueño, el tiempo que toma conciliarlo y la cantidad de sueño profundo alcanzado durante la noche. Así, a través de la aplicación integrada el usuario puede identificar patrones y recibir recomendaciones personalizadas impulsadas por IA.
Más que reemplazar hábitos saludables. Estas herramientas apuntan a proporcionar datos objetivos que permitan tomar decisiones informadas y avanzar hacia una mejor calidad del sueño.
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