Violencia escolar: es tiempo de prevenir, no de reaccionar

Margarita Errandonea, directora de la Escuela de Ciencias Sociales y Educación del Instituto Profesional IACC
La violencia escolar en Chile se ha transformado en un desafío urgente. Interpela no solo a las políticas públicas, sino también a la sociedad en su conjunto.
Según datos de UNICEF, más de 4,4 millones de niños, niñas y adolescentes viven en el país, representando el 24,3% de la población.
Todos ellos tienen derecho a desarrollarse en entornos seguros, libres de miedo, negligencia y violencia.
Sin embargo, los recientes hechos ocurridos en ciudades como Calama y Curicó, junto con la evidencia acumulada, muestran una realidad preocupante.
La UNICEF y la Organización Panamericana de la Salud advierten sobre al menos cinco formas de violencia que afectan a la niñez. Violencia armada, disciplina violenta, bullying, violencia digital y violencia sexual.
En Chile, resulta especialmente alarmante que un 62,5% de los cuidadores reconozca el uso de prácticas violentas en la crianza.
A esto se suma una dimensión crítica. la salud mental. Un porcentaje relevante de adolescentes enfrenta dificultades psicosociales y problemas de salud mental. Casi uno de cada cinco ha manifestado pensamientos suicidas.
Estas cifras reflejan la profundidad de una crisis que también se expresa en comunidades educativas cada vez más tensionadas. En donde docentes y equipos enfrentan crecientes desafíos en la gestión de la convivencia escolar.
La evidencia es clara. Las estrategias más efectivas son aquellas que priorizan la prevención.
Esto implica avanzar en programas integrales que fortalezcan las habilidades socioemocionales. Mejorar el acceso a servicios de salud mental y acompañar de manera activa tanto a estudiantes como a sus familias. Del mismo modo, es fundamental fortalecer el rol de los docentes mediante capacitación y apoyo especializado.
Construir escuelas seguras no es una tarea imposible, pero sí requiere decisión y coordinación. Solo a través de un enfoque integral, que articule a la familia, la escuela y el Estado, será posible garantizar entornos protectores y un desarrollo pleno para las nuevas generaciones.





