¿Qué revela el SCE 2025 sobre la transición ambiental en Chile?

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¿Qué revela el SCE 2025 sobre la transición ambiental en Chile?

Por Álvaro Oliver, gerente de Operaciones de AyT

Por años, el debate sobre la descarbonización en Chile estuvo centrado principalmente en dos áreas. La generación de energías renovables y la necesidad de reducir emisiones desde los grandes sectores industriales.

Todavía queda por avanzar en estas materias. No obstante, los resultados del Informe del Proceso de Homologación del Sistema de Compensación de Emisiones (SCE) 2025 muestran que el mercado ambiental chileno está entrando en una nueva etapa.

Una fase de consolidación, diversificación y mayor sofisticación técnica.

El informe, publicado por el Ministerio del Medio Ambiente, confirma que durante 2025 hubo una disminución en el tonelaje de emisiones compensadas respecto del año anterior.

A primera vista, algunos podrían interpretar esta cifra como una desaceleración del sistema. Pero desde la perspectiva técnica y del monitoreo ambiental, el fenómeno responde más bien a un comportamiento esperado por la industria. Esto, tras el fuerte dinamismo registrado en 2024.

Más que una señal de retroceso. Se trata de un ajuste natural de mercado.

En los mercados ambientales, especialmente aquellos vinculados a compensaciones y mecanismos de reducción de emisiones, los primeros años suelen estar marcados por ciclos de alta actividad.

Esto, impulsado por la incorporación acelerada de proyectos y por la necesidad de adaptación regulatoria de las empresas. Con el tiempo, los sistemas evolucionan hacia esquemas más estables. Donde prima la calidad de los proyectos, la trazabilidad de la información y la robustez de los mecanismos de validación.

Precisamente es ahí donde Chile comienza a mostrar señales relevantes de avance.

Uno de los elementos más interesantes que deja el informe 2025, es la creciente diversificación de los proyectos homologados.

En una primera etapa, el sistema estuvo dominado principalmente por iniciativas asociadas a energías renovables. Ello, particularmente generación eléctrica limpia.

Posteriormente, comenzaron a incorporarse proyectos vinculados a la gestión y valorización de residuos. Ello, amplió las alternativas disponibles para las empresas sujetas al impuesto verde.

Hoy, el escenario vuelve a evolucionar.

Especialmente, con la incorporación de proyectos de electromovilidad. Un hito especialmente relevante porque demuestra que el mercado de compensaciones chileno está ampliando su alcance. Con foco hacia nuevos sectores estratégicos de la transición energética.

Esta diversificación no es un dato menor.

Desde la mirada del monitoreo ambiental la cosa es clara. Mientras más variadas son las tecnologías y sectores presentes en un sistema de compensación, mayor resiliencia y profundidad adquiere el mercado.

Además, se generan incentivos concretos. Ello, para que distintas industrias desarrollen soluciones innovadoras con impacto medible en reducción de emisiones.

La incorporación de electromovilidad, por ejemplo, abre oportunidades relevantes para sectores como transporte, logística y minería, industrias que enfrentan crecientes exigencias en sostenibilidad y reportabilidad ambiental.

A su vez, obliga a fortalecer los sistemas de medición y monitoreo. También de verificación de emisiones. Ya que la trazabilidad de los datos se vuelve fundamental para garantizar la integridad ambiental de las compensaciones.

Y justamente ahí aparece la calidad de la información medioambiental. Uno de los grandes desafíos para los próximos años.

Es que la evolución del mercado no dependerá únicamente de sumar nuevos proyectos, sino también de contar con sistemas de monitoreo más precisos, tecnologías de medición en tiempo real y procesos de validación capaces de entregar confianza tanto a las empresas como a los organismos reguladores.

La transparencia y la confiabilidad de los datos serán claves. Todo, para sostener la credibilidad del sistema en el largo plazo.

El desafío ahora será seguir perfeccionando el sistema para que las compensaciones no sean vistas únicamente como una herramienta tributaria o regulatoria, sino como un verdadero motor de innovación ambiental y transformación productiva. Porque, al final, la transición energética no se construye sólo con metas climáticas ambiciosas; también requiere sistemas confiables, mediciones robustas y mercados capaces de evolucionar junto con las necesidades ambientales del país.

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