
El periodo previo a las vacaciones de invierno suele transformarse en uno de los momentos más complejos del año académico. La acumulación de evaluaciones finales. El cansancio propio del primer semestre. Y los días más fríos y oscuros generan un escenario ideal para la aparición del burnout, o agotamiento extremo, en niños y adolescentes.
Frente a esta realidad, Roberto Bravo, director de Líderes Escolares y experto en gestión educativa, advierte. La solución no radica en aumentar la presión en la recta final. Para el especialista, lo fundamental en esta etapa es priorizar el bienestar socioemocional de los estudiantes. Así evitar que colapsen antes de llegar al ansiado receso.
Para Bravo, el primer paso esencial es que los adultos aprendan a contener antes que presionar. El experto señala que es completamente normal que, durante estas semanas, los niños muestren menor tolerancia a la frustración. Irritabilidad o desmotivación. Debido al desgaste acumulado de la primera mitad del año.
“El cierre del primer semestre debe ser una transición amable hacia el descanso. No una carrera de obstáculos que deje a los estudiantes sin energía para disfrutar de sus vacaciones”, agregó Bravo.
Por ello, aconseja a los padres y cuidadores validar este cansancio. En lugar de castigar las conductas derivadas del estrés. La recomendación es transformar el hogar en un espacio de escucha y alivio. Bajando deliberadamente la intensidad de las exigencias sobre las calificaciones de último minuto.
Asimismo, el director de Líderes Escolares enfatiza la necesidad de aplicar flexibilidad. Y ajustar las expectativas familiares durante los días previos a la salida. Bravo sugiere reducir temporalmente la carga de actividades extracurriculares. O compromisos que no sean estrictamente esenciales en la rutina diaria.
En su lugar, propone permitir que los niños tengan espacios cotidianos de ocio libre. Dejar tiempo para que jueguen, imaginen o simplemente descansen. Sin estructuras rígidas ni horarios militares. Es vital para que su cerebro logre desconectarse por completo de la presión de la rutina escolar.
Finalmente, Bravo hace un llamado a resguardar las rutinas biológicas básicas. Las cuales suelen verse muy alteradas por el clima invernal y el agotamiento. El especialista recomienda cuidar minuciosamente la higiene del sueño. Asegurando que los estudiantes duerman las horas necesarias para mitigar el estrés biológico.
De igual forma, aconseja evitar que el cansancio se traduzca en un refugio excesivo en pantallas y videojuegos antes de acostarse. Promover una desconexión digital progresiva en el hogar es clave para garantizar un descanso reparador. Y asegurar una transición amable y saludable hacia las vacaciones.





