Las exigencias ESG a proveedores se convierten en un nuevo filtro para hacer negocios

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Más de 1.400 multinacionales utilizan hoy EcoVadis para evaluar a sus proveedores. Mientras el 91% de las empresas ya considera criterios de sostenibilidad en sus decisiones de compra. Expertos advierten que la sostenibilidad es cada vez más un requisito para acceder y mantenerse en cadenas de suministro globales.

Las reglas del comercio internacional están cambiando silenciosamente. El impacto ya comienza a sentirse en Chile.

Durante décadas, competir significó ofrecer el mejor precio, calidad y capacidad logística. Hoy, sin embargo, las grandes empresas están incorporando un nuevo criterio para seleccionar a sus proveedores. Se trata de la capacidad de demostrar, con evidencia, cómo gestionan sus impactos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG).

No se trata de una tendencia pasajera. De acuerdo con EcoVadis, más de 1.400 empresas líderes en compras utilizan actualmente su plataforma para evaluar proveedores. Esto influye sobre más de €2 billones en gasto anual. Mientras su red ya supera las 175.000 empresas evaluadas en 185 países.

“Quienes forman parte de cadenas globales de suministro ya están comenzando a recibir solicitudes cada vez más específicas. Estas buscan demostrar cómo gestionan sus riesgos ambientales, sociales y de gobernanza”, explica Daniela Corvalán, socia y gerente de Medioambiente de Proyecta Impacto, consultora especializada en estrategia y gestión ASG para empresas en Latinoamérica.

El nuevo filtro para seguir haciendo negocios

El fenómeno responde a un cambio estructural del mercado. La Directiva Europea sobre Debida Diligencia en Sostenibilidad (CSDDD) y la Directiva de Reporte de Sostenibilidad Corporativa (CSRD) están elevando las exigencias de transparencia y gestión sobre las cadenas de suministro.

Aunque estas normas aplican directamente a grandes empresas, su impacto se extiende a miles de proveedores alrededor del mundo. Estos deben demostrar cómo gestionan riesgos ambientales y de derechos humanos para mantenerse como socios comerciales.

En este escenario, herramientas como EcoVadis están acelerando la transformación.

“EcoVadis y otras plataformas similares están estandarizando la forma en que las grandes empresas evalúan la sostenibilidad de sus proveedores. Esto cambia las reglas porque permite transformar dimensiones que antes eran más cualitativas, como ética, derechos laborales, medio ambiente o compras sostenibles, en evaluaciones comparables y trazables”, señala Corvalán.

Competir también significa demostrar cómo se gestiona el negocio

Para muchas empresas chilenas el desafío no consiste necesariamente en hacer más, sino en demostrar mejor. Muchas organizaciones cuentan con políticas ambientales, programas sociales o iniciativas de gobernanza. Sin embargo, esa información permanece dispersa, sin indicadores comparables, procesos formales o evidencia suficiente para responder a las evaluaciones que hoy exigen clientes internacionales.

“Estamos viendo un cambio estructural: las relaciones comerciales ya no se construyen solo sobre precio, calidad y cumplimiento técnico. Cada vez más incorporan variables de sostenibilidad, transparencia, resiliencia, ética y gestión del riesgo”, afirma Corvalán.

El costo de quedarse atrás

Las consecuencias trascienden el cumplimiento regulatorio. Una empresa puede ofrecer un producto competitivo, cumplir los plazos y entregar un buen servicio. Pero puede quedar fuera de una licitación simplemente porque no logra demostrar cómo gestiona sus riesgos ESG.

Incluso EcoVadis advirtió recientemente que el 80% de los proveedores de primer nivel aún no cuenta con procesos documentados para gestionar riesgos de sostenibilidad dentro de sus propias cadenas de suministro. Esto evidencia que todavía existe una brecha importante entre las exigencias del mercado y la capacidad real de respuesta de muchas organizaciones.

A ello se suma el avance de estándares internacionales como las IFRS S1 y S2. Estos fortalecen la conexión entre sostenibilidad, gestión de riesgos e información financiera. Además, elevan las expectativas de inversionistas, entidades financieras y mercados internacionales.

“El riesgo para las empresas chilenas no es solo no cumplir una norma. El riesgo es quedar invisibles o no elegibles frente a clientes e inversionistas que ya están usando criterios ESG para decidir con quién trabajan”, advierte Corvalán.

Un cambio estructural que recién comienza

Más que una tendencia, lo que está ocurriendo es una transformación profunda en la forma en que las empresas construyen relaciones comerciales.

Daniela Corvalán dice que esto responde a una combinación de factores. Entre ellos se encuentran nuevas regulaciones internacionales, presión de inversionistas, compromisos climáticos, exigencias de consumidores, mayor exposición reputacional y necesidad de cadenas de suministro más resilientes.

La Directiva europea de debida diligencia corporativa entró en vigor en julio de 2024. Esta apunta precisamente a que las empresas gestionen impactos adversos en derechos humanos y medioambiente en sus operaciones y cadenas globales de valor.