Nueva ley de protección de datos: la tormenta de cambios para la cual ya nos deberíamos estar preparando

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Nueva ley de protección de datos: la tormenta de cambios para la cual ya nos deberíamos estar preparando

Por James Collado, cofundador y CTO de JetBrokers.io

Durante mucho tiempo, la protección de los datos personales fue tratada como un trámite más.

Bastaba con que el abogado ajustara un par de contratos. Así se actualizará la política de privacidad y TI apretara un par de perillas.

Con eso, muchas empresas daban por cumplida la tarea.

La nueva Ley de Protección de Datos Personales exige bastante más. El cambio principal está en que las organizaciones deberán ser capaces de demostrar que adoptaron medidas concretas. Esto, para proteger la información que administran.

Ya no bastará con corregir una práctica después de que aparezca un problema. Esto obliga a conocer con claridad qué datos maneja la empresa. Para qué los utiliza, quiénes pueden acceder a ellos. También durante cuánto tiempo se conservan y bajo qué fundamento se realiza su tratamiento.

En el sector inmobiliario, el desafío es aún más trascendente.

En una sola operación pueden intervenir inmobiliarias y corredoras. También brokers, plataformas tecnológicas, bancos y notarías. En ese recorrido circulan antecedentes personales, comerciales, patrimoniales y financieros de los clientes.

Mientras más manos tocan esa información, mayor es la necesidad de definir responsabilidades. Ya no basta con que una empresa tenga buenas prácticas internas. Menos si comparte datos con proveedores o colaboradores que no operan con los mismos estándares. Los contratos deberán dejar claramente establecido quién puede acceder a la información. También para qué finalidad y bajo qué condiciones.

La eventual postergación de la entrada en vigencia de la nueva ley puede dar algo más de aire a las empresas. Pero sería un error confundir más plazo con menos urgencia.

Los cambios que exige la regulación siguen siendo los mismos. Requieren revisar procesos, responsabilidades y la forma en que se administran los datos.

Si finalmente hay más tiempo, la oportunidad es aprovecharlo para hacer bien esa pega, no para volver a dejarla para última hora.

Antes de implementar nuevas herramientas, las organizaciones necesitan identificar dónde están sus datos, cómo circulan y qué áreas o terceros tienen acceso a ellos. Solo ese levantamiento permitirá detectar brechas, información que se conserva sin una finalidad vigente y procedimientos que deben corregirse.

El cumplimiento tampoco puede recaer exclusivamente en el área legal, informática o comercial. La alta administración debe involucrarse, asignar responsables y entregar los recursos necesarios.

La protección de datos tiene que formar parte de la manera en que la empresa toma decisiones y desarrolla sus procesos. Con apenas cuatro meses para la entrada en vigor de la nueva ley, las organizaciones que no estén ya en el proceso de adecuación van demasiado tarde, y se van a enfrentar a los dolores propios de tratar de cumplir con una regulación extensa y detallada a última hora.

Es imperativo no posponerlo más y empezar hoy mismo a medir el alcance del esfuerzo de subordinación a la nueva ley. Todas las inmobiliarias, corredoras y brokers tienen que comenzar hoy mismo un diálogo con su partner tecnológico para que les puedan guiar por la tormenta legislativa y administrativa que se les viene encima en los próximos meses.

La nueva ley de protección de datos es un terremoto, sí, pero uno cuya llegada conocemos de antemano. Y pocas veces existe la posibilidad de prepararse para un cambio de esta magnitud. Quienes no lo hagan no podrán alegar sorpresa: el nuevo marco regulatorio les va a pasar por encima.