
Mientras el tradicional comprobante de papel se acerca a su desaparición con el avance del pago electrónico, en Concepción estos pequeños objetos adquieren un nuevo significado. Especialistas UCSC explican cómo pueden activar recuerdos personales y, al mismo tiempo, convertirse en registros de la vida cotidiana y el patrimonio de una ciudad.
La imagen de un personaje conocido basta para que un boleto de micro, pensado originalmente para acreditar un viaje, adquiera otro significado.
En Concepción, los boletos con personajes de Los Caballeros del Zodiaco de la línea de buses Nueva Llacolén despiertan una conexión con el pasado y hacen que el viaje en micro se divida en dos dimensiones. El cuerpo hace el recorrido habitual, mientras la mente pasa por estaciones de recuerdos de distintas etapas de la vida.
Y el contexto también es significativo. Estos boletos aparecen en un momento en que el tradicional comprobante de papel se aproxima a su desaparición. Por la transición hacia el pago electrónico en el transporte público del Gran Concepción.
Así, lo que antes era un objeto de uso cotidiano comienza a adquirir valor precisamente cuando deja de ser parte de la experiencia habitual de viajar.
Dicen que “todo tiempo pasado fue mejor”, y recordarlo con nostalgia puede hacer que un objeto aparentemente insignificante se transforme en una puerta hacia ese pasado para quienes veían la serie cuando eran pequeños.
Para la académica y Jefa de Carrera de Psicología de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Marcela Mora. El valor no está necesariamente en el objeto mismo, sino en el significado que cada persona le entrega.
“El valor que atribuimos a determinados objetos no depende necesariamente de su valor económico. Sino del significado emocional que nosotros les atribuimos. Un objeto que se asocia a la infancia puede conectarnos con una etapa de la vida que recordamos como significativa. Y con experiencias, personas y emociones que forman parte de nuestra propia historia”.
En el caso de un boleto con la imagen de una serie de la infancia, ese significado puede ser especialmente potente. No se trata solo de recordar a los personajes. Sino de todo aquello que estaba alrededor de ellos.
“Nuestra memoria no almacena las experiencias como si fueran imágenes aisladas. Sino que los recuerdos se encuentran asociados a emociones, lugares, personas, sonidos, sabores y sensaciones. Por eso, encontrarnos con algo que fue significativo durante nuestra infancia puede activar una red mucho más amplia de recuerdos”. Explica la académica.
Un estímulo visual puede recuperar recuerdos que parecían olvidados y conectar diferentes elementos de una misma experiencia. Por eso, estos boletos pueden convertirse en pequeños tesoros para la memoria.
“Los objetos pueden funcionar como llaves que facilitan la recuperación de recuerdos autobiográficos. Una imagen puede llevarnos rápidamente a escenas muy concretas de nuestra vida”. Plantea la psicóloga.
De ahí, según explica la especialista, puede nacer incluso la motivación de conservar estos boletos. “Al guardar ese objeto, de cierta forma estamos preservando un pedacito de nuestra historia. La nostalgia tiene precisamente esa particularidad: nos permite volver emocionalmente a experiencias del pasado. Ya sea que las valoremos como positivas o negativas. Son parte de nuestra historia y también parte de lo que hoy somos”. Explica Mora.
Así, un boleto puede provocar algo más profundo que la simple identificación con un personaje. Puede hacer que una persona vuelva, aunque sea por unos segundos, a cómo se sentía cuando era niña o niño.
Pero la nostalgia no es la única dimensión de estos pequeños objetos. También existe una lectura histórica. Para la Directora de Extensión Cultural de la UCSC, Dra. Natalia Baeza. Los boletos de micro permiten observar aspectos de la vida cotidiana que muchas veces pasan inadvertidos.
“Desde la historia, los boletos de micro son pequeñas fuentes documentales que registran la vida cotidiana, las formas de movilidad y las transformaciones urbanas de una ciudad como Concepción. En ellos queda registrada una parte de cómo las personas se han desplazado, de los diseños que han circulado y de las formas en que el transporte público se ha relacionado con la vida de la ciudad”.
Por eso, cuando el boleto de papel comienza a desaparecer, también se abre una pregunta por aquello que queda atrás. Para la Dra. Baeza, conservar estos objetos permite resguardar una parte de un patrimonio cotidiano que habitualmente no se considera hasta que deja de existir.
“Conservar estos boletos significa resguardar un fragmento del patrimonio cotidiano, aquel que muchas veces pasa desapercibido. Pero que resulta fundamental para comprender la historia social desde las experiencias de las personas”.
Así, los boletos de Los Caballeros del Zodiaco despiertan la memoria desde dos lugares. Son objetos capaces de activar recuerdos personales y, al mismo tiempo, conservar pequeños registros de una época.




