Cada cuatro horas un menor de 13 años resulta lesionado en siniestros viales en Chile: cuándo dejar la silla y pasar al cinturón

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siniestros viales
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Durante 2025, el 53,8% de los niños lesionados en siniestros viales tenía entre 8 y 12 años. Concentrando la mayor proporción de casos. Especialistas advierten que, a medida que crecen, las familias tienden a percibir que necesitan menos protección. Pese a que la edad por sí sola no determina cuándo están preparados para dejar un sistema de retención infantil.

Según el reciente informe estadístico de tránsito elaborado por la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (CONASET) y Carabineros, durante el año pasado 35 niños de entre 0 y 12 años perdieron la vida en siniestros viales. Mientras que otros 2.102 menores resultaron lesionados de diversa consideración.

De acuerdo con los datos oficiales, los niños de 8 a 12 años concentraron la mayor cantidad de lesionados, con 1.131 casos, equivalentes al 53,8% del total. Dentro de este grupo, los niños de 12 años registraron la mayor cantidad de heridos, con 244. Seguidos por los de 11 años, con 241. Los de 8 y 10 años alcanzaron 224 casos cada uno. Mientras que los de 9 años registraron 198.

Si bien la legislación chilena establece que los sistemas de retención infantil son obligatorios hasta los 9 años. O hasta que el menor alcance los 135 centímetros de estatura y 33 kilos. Las cifras muestran que el riesgo de lesiones se mantiene elevado en el tramo previo a la adolescencia.

Según explicó Paula Deimel, especialista en seguridad vial infantil de Mini Nuts, “uno de los principales riesgos es que, a medida que los niños crecen, los adultos suelen pensar que ya no hace falta una silla de seguridad. Muchas familias tienden a dejar de utilizar estos dispositivos por comodidad, por presión del entorno o por la influencia de los propios hijos. Porque perciben que, por su edad o tamaño, ya no son necesarios, especialmente cuando comienzan los turnos para los traslados al colegio. Pero la transición al cinturón de seguridad no debería definirse por los años cumplidos”.

Agregó que “para realizar el cambio al cinturón de adultos es fundamental considerar la estatura, su morfología y el nivel de madurez. Ya que cada niño tiene un ritmo de crecimiento distinto y no todos están preparados para dejar las sillas de seguridad al mismo tiempo”.

Deimel también advirtió que existe la tendencia de algunas familias a adelantar el cambio hacia una silla de una etapa superior. Cuando consideran que el niño ya está grande para el sistema que utiliza. “En general, se recomienda alargar lo más posible el uso de los sistemas anteriores. Y no adelantar innecesariamente el paso a uno más avanzado. Es importante validar siempre el rango de uso para el que la silla está diseñada. Y que el niño esté dentro de esa categoría”, afirmó.

En este sentido, precisó que “un niño puede comenzar a usar el cinturón de adultos solo cuando, al sentarse correctamente en el asiento del vehículo, mantiene en todo momento la espalda recta y completamente apoyada en el respaldo. Sus pies llegan al piso y el cinturón queda correctamente ajustado en contacto con la clavícula y las caderas. Si no cumple con ello, debe seguir usando un sistema de retención infantil”.

En el caso de los menores que aún no cumplen con estas condiciones. La especialista recomendó no pasar directamente al cinturón de seguridad. Y optar por sistemas intermedios, como las butacas o los alzadores. Que permiten adaptar la posición del niño a las características del vehículo y lograr un correcto ajuste del cinturón.

“Las butacas permiten que el niño quede a la altura adecuada para que el cinturón de tres puntas pase por las zonas más resistentes del cuerpo. Como la clavícula, el esternón y las caderas. Además, estos dispositivos cuentan con respaldo que entrega una protección adicional para la cabeza, el cuello y la columna. Por lo que son una alternativa más segura que un alzador, que sólo es una base”, indicó.

Además, precisó que, si bien a partir de los 12 años cumplidos los menores pueden viajar en los asientos delanteros, de acuerdo con la Ley de Tránsito, las plazas traseras siguen siendo la ubicación más segura.

“Ante un siniestro vial, el airbag se puede desplegar a gran velocidad. Y puede provocar lesiones de alta gravedad si el menor está demasiado cerca. Por eso, es fundamental evaluar si su desarrollo físico es adecuado para ocupar ese puesto. Y si lo está, se debe supervisar que se mantenga en una correcta posición. Llevar el cinturón bien ajustado y conservar la mayor distancia posible respecto del tablero”, concluyó.