Tomás Ramírez, Gerente Comercial y Flotas de Mitsubishi Motors Chile (Astara Chile).
Cada 9 de septiembre, al conmemorar el Día Mundial del Vehículo Eléctrico. La discusión pública tiende a polarizarse entre dos posturas. Quienes exigen una transición inmediata hacia una industria automotriz 100% eléctrica. Y quienes ven en esa meta un objetivo inalcanzable para la realidad latinoamericana.
Los datos más recientes de la Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC) muestran un crecimiento constante en las inscripciones de vehículos de cero y bajas emisiones. Donde los modelos enchufables han duplicado su presencia en lo que va de 2026.
A pesar de estas cifras alentadoras, la cuota de mercado de estas tecnologías en vehículos livianos y medianos aún no supera el 7% del total de ventas en el país.
Estamos en una fase de adopción temprana donde la falta de una red de carga pública homogénea. A lo largo de nuestro territorio genera dudas legítimas en conductores a la hora de tomar una decisión de compra.
Es ahí donde debemos preguntarnos: ¿es necesario esperar a que la infraestructura de carga cubra de extremo a extremo el país para empezar a reducir emisiones hoy de forma sustancial? No.
La gran fortaleza del formato PHEV radica en su capacidad de eliminar la barrera de entrada a la electromovilidad.
Permite experimentar la conducción eléctrica pura en la rutina diaria. Pero manteniendo intacta la flexibilidad de emprender un viaje largo sin depender de un punto de carga en la carretera.
Esta promesa deja de ser teórica cuando se traduce en cifras concretas. Es el caso del Outlander PHEV de Mitsubishi Motors Chile. Marca representada por Astara Chile.
Que combina un sistema de doble motor eléctrico con un motor a combustión para ofrecer hasta 86 km en modo 100% eléctrico dentro de la ciudad. Y una autonomía combinada de 791 km cuando la ruta se extiende más allá de lo cotidiano.
Un vehículo pensado para la transición energética debe mantener la solidez que exige el suelo chileno. Desde la tracción integral inteligente y múltiples modos de manejo para barro, lluvia o nieve. Hasta el más alto nivel de protección familiar. Respaldado por certificaciones como las 5 estrellas en Latin NCAP y sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS).
Para sumar a más personas a la electromovilidad no se necesitan discursos difíciles. Sino soluciones prácticas que se adapten a su vida real. Esto no se trata de quién llega primero a la meta, sino de avanzar a un paso constante y seguro.
Darle espacio a los autos híbridos enchufables nos permite cuidar el medio ambiente sin pedirle a la gente que cambie drásticamente su rutina ni que pierda la libertad de viajar a donde quiera.
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