La sostenibilidad no es una meta, es un camino que se recorre todos los días
Por Isabela De Marchi, Gerente de Sostenibilidad de SIG Sudamérica
Cuando hablamos de sostenibilidad empresarial, suele pensarse en ella como un objetivo lejano.
Una casilla que se marca una vez y queda resuelta. La experiencia en sostenibilidad en Sudamérica nos ha enseñado exactamente lo contrario.
Es un proceso continuo, hecho de decisiones pequeñas y grandes que se toman todos los días. Desde el diseño de un envase, hasta la forma en que una compañía se relaciona con sus clientes y comunidades.
Esta reflexión cobra especial sentido ahora que SIG fue reconocida nuevamente por TIME y Statista. Ello, como una de las empresas más sostenibles del mundo.
En la edición 2026, este ranking global evaluó a más de 5.000 compañías de distintas industrias. Seleccionó a las 750 con mejor desempeño.
Así, subimos al puesto n.º 63. Avanzando siete posiciones respecto del lugar 70 que ocupábamos el año anterior. Pero más allá de la cifra, lo que este reconocimiento realmente representa es la validación de un compromiso sostenido en el tiempo.
El listado se construye a partir de más de 20 indicadores ambientales, sociales y de gobernanza.
Se revisa si las empresas evitan prácticas dañinas. Si fijan metas climáticas concretas, si informan con transparencia sus avances y si logran buenos resultados en evaluaciones reconocidas internacionalmente. Como, por ejemplo, el CDP, el Pacto Mundial de Naciones Unidas, los objetivos de la SBTi, el Anuario de Sostenibilidad de S&P Global y el índice MSCI.
También se miden resultados tangibles. Reducción de emisiones, uso responsable de energía y materiales. También gestión de residuos, seguridad laboral y diversidad en los equipos.
Este marco de evaluación no es un examen externo al que simplemente respondemos.
Es un reflejo de cómo entendemos nuestro negocio. Trabajamos permanentemente en reducir la huella de carbono de nuestros envases, en incorporar materiales renovables y reciclables en nuestras soluciones, y en acompañar a nuestros clientes de la industria de alimentos y bebidas hacia modelos cada vez más circulares.
Subir del puesto 70 al 63 no es solo un número: refleja años de trabajo consistente para que la sostenibilidad sea parte de cada decisión que tomamos.
Y ahí está la lección más importante para cualquier industria: la sostenibilidad deja de ser una estrategia de comunicación cuando se convierte en una forma de operar. No basta con declarar intenciones; hay que medir, reportar con transparencia y estar dispuestos a que otros evalúen nuestro desempeño con rigor.
Estar entre las empresas más sostenibles del mundo nos exige, precisamente, seguir mejorando. En Sudamérica seguiremos trabajando junto a nuestros clientes y comunidades para que cada envase que producimos sea parte de la solución, y no del problema, cuando hablamos del futuro del planeta. Ese es el estándar que nos hemos propuesto sostener, no solo en un ranking, sino en cada decisión cotidiana.





