El asado es uno de los símbolos de las Fiestas Patrias, pero también concentra un riesgo que se repite cada septiembre.
Reportes difundidos en Chile han situado en hasta 25% el aumento de las consultas por quemaduras relacionadas. Esto, con parrillas, brasas y fuego doméstico durante estas celebraciones.
Las lesiones pueden producirse al encender el carbón con líquidos inflamables. Al manipular rejillas calientes, volcar recipientes con agua o aceite, También por caminar cerca de fogatas o dejar a niños sin supervisión junto a una fuente de calor.
El peligro no termina cuando se apaga la llama. Las brasas pueden conservar temperaturas capaces de lesionar la piel durante horas y una quemadura que inicialmente parece pequeña puede profundizarse, infectarse o comprometer la movilidad cuando afecta manos, pies o articulaciones.
“Los primeros minutos son decisivos. Lo correcto es alejar a la persona de la fuente de calor y enfriar la zona con agua corriente fresca, no helada. El objetivo es detener la acción térmica sobre los tejidos sin agregar una nueva lesión por frío”, explica Carolina Saravia, enfermera jefe de Clínica Cath, centro especializado en heridas de avanzada.
“Una quemadura no debe cubrirse con pasta de dientes, mantequilla, aceite, harina, cremas cosméticas ni alcohol. Estas sustancias pueden retener calor, contaminar la lesión y dificultar su evaluación. Tampoco se debe pinchar una ampolla ni arrancar piel”, enfatiza Saravia.
Se debe buscar evaluación médica inmediata si la quemadura:
“Las quemaduras profundas pueden doler menos porque dañan terminaciones nerviosas; por eso la ausencia de dolor no siempre significa que la lesión sea leve. Si hay dudas sobre la profundidad o la extensión, lo más seguro es consultar”, advierte la enfermera jefe de Clínica Cath.
Para reducir accidentes, la recomendación es instalar la parrilla sobre una superficie firme y ventilada. Debe estar lejos de ramas, carpas y materiales combustibles. Mantener una zona de seguridad sin juegos ni circulación de niños; utilizar utensilios largos y guantes adecuados. Evitar ropa suelta; no arrojar alcohol, bencina u otros acelerantes sobre el fuego; y disponer de agua, arena o un extintor cercano. Quien manipule la parrilla no debiera hacerlo bajo los efectos del alcohol.
También se debe vigilar la etapa final: apagar completamente las brasas y desecharlas solo cuando estén frías. Cubrirlas con tierra o dejarlas al alcance de los niños no elimina el riesgo de contacto.
“La prevención sigue siendo la herramienta más efectiva. Una zona delimitada alrededor de la parrilla y un adulto concentrado exclusivamente en el fuego pueden evitar que una celebración familiar termine en una lesión compleja y de larga recuperación”, concluye Carolina Saravia.
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