
El Corredor Azul del Pacífico Oriental, que se extiende desde Alaska hasta la Península Antártica, mostró en Ereván cómo la sinergia entre agendas y la colaboración internacional pueden proteger la vida marina que migra sin fronteras.
Desde Alaska hasta la Península Antártica, un mismo corredor oceánico conecta los dos extremos del continente americano.
Se trata del Corredor Azul del Pacífico Oriental, iniciativa transformacional de WWF coordinada desde Chile.
Presentada en la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica que se desarrolla en Ereván, Armenia.
La iniciativa fue el centro del evento paralelo “El Corredor Azul del Pacífico Oriental: conectando la protección del océano desde Alaska hasta la Antártica para alcanzar la meta 30×30”. Donde se dialogó sobre conectividad ecológica y gobernanza compartida.
Según los datos presentados, el corredor busca abarcar, al menos, 7 millones de kilómetros cuadrados bien conectados. Entre aguas nacionales y zonas más allá de la jurisdicción nacional. Y resguarda las rutas de, como mínimo, seis poblaciones de grandes cetáceos que hoy están bajo amenaza.
Los mapas, basados en seguimiento satelital. Muestran cómo estos animales cruzan fronteras entre sus zonas de alimentación y reproducción.
En ese trayecto se articulan espacios clave, como el Corredor Marino del Pacífico Este Tropical. Que vincula Galápagos con las aguas de Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador, y la Cordillera de Nazca, Salas y Gómez. Un área marina de importancia ecológica o biológica (EBSA) de 1,2 millones de km².
También participa RAMPAS, una red regional que coordina a las instituciones responsables de las áreas marinas y costeras protegidas de Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Chile.
El desafío: alinear el 30×30 con la vida que migra
Uno de los puntos más relevantes de la sesión fue una comparación de mapas. Las rutas de migración de las ballenas. Las áreas proyectadas del 30×30 y las zonas importantes para mamíferos marinos, tiburones, rayas y aves marinas no coinciden en el Pacífico.
Dicho de otro modo, cumplir el 30% en superficie no basta si no se protege lo que más lo necesita.
A ello se suman presiones concretas. Investigadores han situado a Chile en el primer lugar mundial en mortalidad de ballenas por colisiones con embarcaciones. Y una investigadora de la Universidad de Duke advierte que Sudamérica aporta de forma significativa al esfuerzo pesquero global. Pero está poco representada en los sistemas de datos sobre captura incidental.
Una imagen de un cetáceo enredado en redes. Registrada en Antofagasta el 21 de julio de 2026, ilustró esa realidad.
Colaborar para que el 30×30 cuente
“Este corredor une los polos del planeta y nos recuerda que ningún país puede proteger el océano por sí solo. Las ballenas migran por aguas de muchos países y por alta mar, y la protección debe estar igualmente de conectada. Presentarlo en la COP17 muestra cómo pueden reforzarse las agendas de biodiversidad, océano y clima. Y por qué necesitamos colaboración internacional para que el 30×30 proteja de verdad las rutas de estas especies”. Señaló Yacqueline Montecinos, coordinadora de Conservación Marina y Políticas Oceánicas de WWF Chile y líder de la iniciativa Corredor del Pacífico Oriental de WWF.
La conversación fue moderada por Sandra Valenzuela, directora de WWF Colombia y miembro del Comité Directivo de la CMAP-UICN. Y reunió a Juan Carlos Navarro, ministro de Ambiente de Panamá. Patsy Contardo, de Asuntos Oceánicos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Flavio Gaspar Lontro, vicepresidente de La Red Latinoamericana de la Pesca Artesanal (ULAPA). Federico Mosquera-Guerra, subdirector de Parques Nacionales Naturales de Colombia. Y Leonardo Marriaga, coordinador regional del Plan de Acción del Pacífico Sudeste de la CPPS.
“Todos los países de la región tenemos que hacer el máximo esfuerzo para proteger por ley y cuidar, junto a los grupos ecologistas del planeta entero. El Corredor Azul del Pacífico que ha propuesta WWF. Junto a los países del área, para cuidar nuestros cetáceos, nuestras ballenas, nuestra vida marina”. Señaló el ministro Juan Carlos Navarro.
Agregando que también se debe frenar a quienes extraen el krill en la Antártica. “No se puede permitir más. Es lo mismo asesinar una ballena que pescar krill”. Sostuvo.
Según detalló Yacqueline Montecinos, la estrategia del corredor se sostiene en tres pilares. Consolidar redes de áreas conservadas, protegidas y conectadas. Reducir los impactos humanos mediante cooperación regional y manejo basado en ciencia. Y aumentar la inversión en conservación, investigación y monitoreo de ballenas.
Proteger estas rutas también tiene un valor global. Pues el océano absorbe cerca del 30% del CO₂ generado por actividades humanas.




